tag:blogger.com,1999:blog-358981882008-05-12T12:47:40.845-07:00Las páginas en blanco.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comBlogger26125tag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-45767387766081200672008-04-30T11:46:00.000-07:002008-04-30T11:47:41.182-07:00Camino a la Autopía- ¡Suelo malo, suelo malo!<br /><br /> Cogido de la mano de su madre y con una indescriptible cara de kamikaze que por culpa de las almorranas llevara días sin pegar ojo (punto este que para un kamikaze es del todo difícil) era eso lo que aquel niño salvaje y amontunado le gritaba sin el menor asomo de piedad a un adoquín del filo de la acera mientras éste, con la absoluta desfachatez que caracteriza a los adoquines, insistía en no darse por enterado.<br /> Llevado por el sobresalto que aquella estampa de crueldad inconmensurable me produjo, me acerqué a la pareja y miré extrañado e interrogante a quien debía ser su madre, cosa que deduje por el amor que rebosaba su mirada de kamikaze instructor mirando a su filial pupilo. Quien, a todas luces, estaba heróicamente afrontando descomunal batalla contra la vía pública.<br /> Yo, por no desentonar, apoyé mis manos en mis rodillas en postura de adulto mira a encantador infante y clavé la peor de mis miradas en aquel, para nada presunto, desaprensivo adoquín.<br /> El kamikaze chico, a quien empezaban a decaerle las fuerzas, bajaba ya la frecuencia de sus patadas (supongo que por la ausencia de batalla presentada por el ofensor y por el seguro dolor que la planta de aquel piececito comenzara a sentir) me miró con la triunfal expresión de quien consigue abrir una botella de cava tras ocho horas de desesperados intentos mientras la familia ansía los platos de uvas pochas del 31 y piensa con resignación lo muy gilipoyas que es el cuñado.<br /> Con esa cara triunfal, que yo observaba como se observaría a un marciano que se cayese al suelo al bajar de su platillo, el soldado del imperio dejó de dar patadas, se sacudió las manos, ya que los pies hubiera sido más complicado, emitió un<br />- Júm<br />lleno de autoadmiración crecida con mi presencia como admirado expectador. Hecho esto, largó una última ofensa al ajado adoquín en forma de escupitajillo y se volvió hacia su madre, quien, orgullosa como una gallina de Walt Disney, miró también (había que reforzar positivamente las actitudes del nene) por encima del hombro al desfachatoso pedrusco y comenzó a andar.<br /> A punto estuve de desistir en mi labor investigadora, pues al alejarse brevemente, entreví con espanto un culo prominente no exento de cierta agresividad insoslayada enfundado en una especie de chándal de última generación a través del cual se adivinaban los filiyos enrollados de unas braguillas que no pude por menos que imaginarme ajadas y desflocadas. Movíalo además de forma que parecía señalar que ella lo llevaba por delante más que por detrás. Entiéndase la imagen poética.<br /> A pesar de tamaña advertencia natural, no pude contenerme y pasé a poner mi integridad en juego.<br /> - ¡Pss, pss, señora, perdone!<br /> Ella se volvió como se vuelve un panzer, como se vuelve un culturista de dos metros si le derramas un café por la nuca, como se vuelve un león al que despiertas. Como se abre la puerta de chiqueros.<br />- ¿Di, ga, me?, así, con tilde en la mé.<br />- Le ruego me perdone, pero no puedo dejar de preguntarme, después de ver la enorme y descomunal batalla que su pequeño acaba de librar, por la causa de tamaño desajuste.<br />- ¿Usted se está cachondeando de mí, caballero? Porque si usted se está cachondeando de mi niño y de mí, le arreo ara mismo dos yoyas que no va a saber usted quién hay entre oreja y oreja. Y ahí llega mi marido que no sabe usted cómo es pa estas cosas, que se está usted cachondeando de mí.<br /><br /> Se acercaba una furgoneta por cuya ventanilla se podía ver a un señor con media barba, cigarro, codo apoyado hacia fuera, medallón de oro y un anillorro en meñique, así que recogí velas.<br /><br />- Le ruego, señora, me disculpe, pero nada más lejos de mi intención que importunarle. Lamento que mi curiosidad me haya llevado a alterar su plácida mañana. Adiós y le reitero mis excusas.<br />- Míralo al gilipoyas este. Ahora dice que se va. Tendrá poca vergüenza la gente…<br /><br /> Incluso el tierno infante me miraba ya con malas intenciones y los puñitos cerrados a la espera de su progenitor con las rodillas sangrantes.<br /><br />- ¿Mamí le doy una paliza también a ese señor?<br />- No hijo, no, espérate a que venga el papa, que tu ya te has hecho mucho daño hoy con el suelo malo.<br /><br /> Ante la más que inminente situación de peligro, salí de allí a toda prisa mientras por detrás arreciaban los insultos, crecidos ya con la indignación de la presa que huye. Juro por lo mas sagrado que cuando le dijo que se iban, la mama, llamó Grabié a su propio hijo.<br /> Sabía que me jugaba mucho más que mi integridad física, pero, de lejos me volví y pregunté a gritos que por qué le decía Gabrié a su propio hijo.<br /><br />- Porque se llama igual que su padre, y yo me voy a cagar en…<br /><br /> Hubiera sido temerario dar tiempo a que Gabrié padre se bajase del coche, pues aquello tenía ya mal cariz.<br /><br /><br /><br /> El policia intentaba apaciguar a aquel señor.<br /><br />- No, señor agente, no, no me diga que me tranquilice. Ahora mismo le meto al ayuntamiento una denuncia que se caga. No hay excusa para tener ahí en medio esa mole de piedra. Eso es algo que no se le ocurre a nadie. Eso pasa por poner de responsable a gente que no sabe ni lee ni escribir…<br /><br /> La gente ya se acercaba a hacer corro a prudente distancia creciendo el caos de tráfico.<br /><br />- Pero Señor, por favor, yo comprendo su sensibilidad y su punto de vista, pero tiene que entenderlo. Afortunadamente está usted bien y esa mole de piedra es La Cibeles y lleva ahí toda la vida. Sin su coche dentro, claro.<br />- Eso no me sirve de excusa. Y como que me llamo Gabrié que le meto un puro. Déme su nombre y su número de placa. Pero ya.<br />- ¿Pero por qué por Dios? ¿Ahora qué he hecho yo?<br />- Porque es su obligación y por tratar a los ciudadanos sin respeto. En vez de ponerse a mi favor me acusa sin pruebas y me declara culpable.<br />- Su coche está dentro de una fuente, sea usted razonable.<br />- Ni razonable ni razonablo. Llame usted a un superior.<br /><br /> Así comenzó su carrera política. El trampolín se lo puso un periódico donde, al día siguiente, pudo leerse:<br /><br />NUEVO HITO EN LA LUCHA POR LAS LIBERTADES INDIVIDUALES Y LOS PODERES DEL ESTADO. (SIC)<br />EN UNA DENODADA LUCHA A FAVOR DEL SENTIDO COMÚN, UN CIUDADANO LOGRA LA RETIRADA DE UNA MULTA Y DE LA YA CADUCA CIBELES.<br /><br />Tras un prolongado litigio contra la tiránica admistración conservadora, el ciudadano Gabriel P. Z. ha conseguido la retirada del enorme obstáculo que se hallaba secularmente en la vía pública, a la vez que la retirada de la sanción, un vehículo nuevo, y la suspensión de empleo y sueldo del agente de la autoridad…<br /><br /> Tras este episodio fueron muchas las ofertas recibidas por parte de programas de televisión y medios de comunicación, y comencé a verlo con frecuencia protagonizando episodios de la vida social.<br /> Del pequeño kamikaze quedaba poco en el exterior, pero yo, que no podía borrar de mi memoria aquel episodio pedagógico que le observé en su infancia, veía ante mí un enorme “culo educador” de señaladas arruguillas cada vez que su señora madre aparecía, acompañando a la pareja en alguna comparecencia pública. Y me imaginaba a Gabrié padre aparcando un flamante Mercedes de forma disimulada mientras masticaba un palillo de dientes.<br /> No me quedó la menor duda de que aquel lejano episodio habría de marcar la vida de todos cuando, candidato ya a la presidencia del gobierno, aquel niño camikaze convertido ya en toda una estrella mediática, aparecía en los carteles electorales pateando a una pequeña y culpable Cibeles bajo el lema:<br /><br />Castiguemos a los culpables. Por la igualdad. Vota a Gabrié.<br /><br /> La victoria electoral, contrariamente a lo yo había previsto, fue estruendosa. El electorado, en su mayoría otorgó la confianza al nuevo líder, que promovió nuevas y numerosas reformas.<br />· Se dictó una ley de responsabilidad administrativa donde, si no se tenían antecedentes de pertenecer al partido opositor, el ciudadano o ciudadana, podría cobrar un seguro por cualquier desaguisado ocasionado por la presencia de cualquiera que fuera el mueble o inmueble, diminuto o desproporcionao (sic) que causare tal despropósito.<br />· Se le provió (sic) al gobierno, de la potestad para imponer leyes siempre y cuando fueran positivas a juicio de el titular o la titulara (sic también) de la cartera (no me hubiera extrañado ver cartero aquí) del departamento de sanidad pública y velatorio por la libertad individual, que así, os lo puedo jurar, se le llamó.<br />· Se dictó una ley general de subvenciones por la que cualquier ciudadano (favoreciendo más a los vagos y maleantes, a quienes no estudiaran… a los más necesitados a fin de cuentas) recibiría una cantidad libremente fijada por él/ella para incentivar la consecución de los bienes u objetivos que decidiera no alcanzar por sí mismo/a.<br />· Se declaró la jefatura del Estado figura non grata para el Estado…<br /><br /> En fin, podría contaros otros muchos avances, pero no hace al caso.<br /><br /><br /> Hoy he salido de nuevo a dar un paseo. La gente está ajetreada como siempre, muchos coches se apresuraban parados en los atascos. Había familias en los parques compuestas de abuelos y nietos. Todo el mundo intentaba ser feliz y vivir bien. Mientras periódicos y programas de radio se hacían eco de lo bueno u de lo horroroso que el gobierno era. Yo rompí a reir con todo esto, porque ¿es que nadie se ha dado cuenta de que el adoquín no es bueno ni malo? Así, al menos, me dije, no hay que decirle a los que tropiezan<br />- Mira nene, una vez falla cualquiera, dos también, pero si sigues insistiendo, cariño, tú lo que eres es tonto. O tonta, claro.<br /><br /> Fdo. LaloRafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-39323365362772880392008-04-29T11:41:00.001-07:002008-04-29T11:41:52.718-07:00Carta de un personajeQuerida lectora, querido lector de esta carta: <br /><br />Es un esfuerzo enorme intentar entender cómo aún puedo estar desemparejado, es decir, sin pareja. En mis aún pocos pero intensos años de vida, no he conocido a nadie tan maravilloso como yo. Mi cuerpo, donde se aúnan la perfección genética con la más rígida disciplina de gimnasio de alto estandin, este cuerpo, es todo un estudio de anatomía digno de los pinceles más afamados de la pintura universal, figurativa o no. Mi pelo brilla bajo la luz de la luna como brilla una pantera negra anunciando os de tualets por televisión. Todas las mujeres que conozco han gozado suspirando mientras mesaban mis mechones con sus dedos.<br /> Mis ojos verdes son rasgados, grandes y profundos. Son el horizonte donde se dirigen las miradas de cuanta fémina entra en contacto con mi presencia. He visto temblarle las piernas a las más fajadas yupis de guolestrit.<br /> Mi vida en sí es un dechado de perfección. Vivo en un chalé de diseño de arnovó emplazado justo donde acaba pradera y comienza la blanca arena de una playa perfecta bajo la bruma de invierno y desde las cristaleras de mi salón amueblado en piel negra y aluminio, me enmimismo en el mar con el flequillo sobre la mirada vestido con un suave chaleco de grueso cuello de cisne en lana beig y pantalón negro que no consigue disimular, es decir, más bien realza, lo más granado de mi masculinidad que, dicho sea de paso, ha sido capaz de protagonizar las más tórridas escenas que puedan verse tras las paredes de un dormitorio.<br /> Cada mañana, me levanto cuando he dormido lo necesario, ya que no necesito trabajar. De forma automática la cortina se descorre automáticamente y tras remolonear dulcemente entre los pliegues del nórdico inmaculado me levanto en toda mi envergadura, desnudo casi y encantador, y hago un par de horas de ejercicio en el idílico marco de la línea de las olas. Luego desayuno las cosas más sanas que imaginarse pueda: pan integral, zumo de naranja, fruta y cereales. En la enorme cocina perfectamente iluminada y sin una gota de grasa, todos los utensilios brillan perfectamente nuevos mientras resplandece, verde oliva, el frasco de aceite.<br /> Yo estoy recién duchado y mi albornoz se entreabre como unos labios lascivos dejando a la vista un pecho perfectamente moldeado sin la más mínima sombra de pelichis espiraloides, lisos, suaves o hirsutos de tipo alguno.<br />Todo yo huelo a una mezcla de varonil sensualidad junto con la tersura suave de la colonia de bebé que derramo generosamente en mis manos. El resultado un verdadero osito de peluche machote y desvalidamente tierno. La exacta mezcla de fragilidad y fortaleza. Control atlético y dubitativa timidez.<br /> Me levanto suave pero vigorosamente y me dirijo a mi dormitorio, voy descalzo, por supuesto, y paseando por la moqueta mullida y asimismo inmaculada, me detengo sólo un instante ante la ventana para volver a mirar al mar y me meto en mi más que amplio vestidor. Dejo que el albornoz se deslice sensualmente por mis fornidísimos hombros y que caiga, despreocupado, al suelo, donde se queda en perfecto desorden. Un par de prendas en perfecta consonancia. Zapatos absolutamente impecables, con calcetines a juego siempre, ni un agujerín en la punta ni un zurzido jamás, inasequibles a cualquier tipo o especie de pesturria que rompa inesperadamente el glamur.<br /> Salgo a la calle montado ya en mi biplaza descapotable mientras los mechones ondean secándose al viento. Miro a los viandantes observar mi paso con envidia y no les presto la más mínima atención para que no se sientan minusvalorados en su mediocre vida.<br /> Cuando entro en la ciudad, el decorado entero, la autopista en sí. Los árboles que la flanquean y las palmeras parecen que se colocan bien para saludar mi paso. Todos los dependientes y dependientas de la zona vip y los metres y somelieres de los mejores restaurantes disfrutan pudiéndome servir. Se les nota en sus sonrisas… cuando es una mujer bella, sólo tengo que despejar mi blanquísima dentadura con la cabeza inclinada y mirarla de perfil para saber que mi invitación será aceptada. Tengo paso libre en todos los locales de moda y en los lugares más exclusivos. El simple hecho de entrar conmigo, ya hace que te sientas importante.<br /> Cuando llegan conmigo a casa, las trato como a reinas. Soy sofisticado, suave, amable, delicado pero impetuoso y siempre dejo satisfecha a la que tiene el honor de conocerme como hombre. Docenas de matrimonios estables se han disuelto echándome a mi la culpa de lo que ella buscaba en mí. Cuando no hice más que compartir generosamente mi tiempo con quien quería huir del que se había fabricado.<br /> Sé que son legión las niñas, damiselas y señoras que suspiran contemplando mis fotografías y sé que decoro más de un dormitorio siendo secretamente deseado. Soy la perfección absoluta, por eso te decía que no logro comprender que esté aún sin pareja, es decir, desemparejado.<br /><br /><br /> Ambas estaban paradas en la acera, junto a la entrada de una cafetería que comenzaba a quedarse desierta. La carta pasaba de una a otra mientras miraban a uno y otro lado buscando al autor de la carta. No había ni una dirección, ni un número de teléfono. Ni una dirección de correo electrónico siquiera. Y era una lástima, porque merecía la pena conocer a un payaso de tal envergadura. Las dos tiraron la carta al suelo y ésta se levanto con una ráfaga de aire que pasaba por allí. Salieron andando acompañadas por el contoneo de sus vaqueros y el sonido del taconear de sus botas. Ninguna de las dos vio al fabuloso hombre que, desde dentro del cristal donde se alojaba el cartel de la película de estreno, las llamaba dando suaves golpes con los nudillos, así que él, mirando de perfil, dejando caer su flequillo sobre la frente y acolchando su voz dentro del cuello de cisne, volvió a su pose de reclamo de sueños.<br /> Al menos no la han roto, espero que el viento la lleve a un lugar mejor, se dijo.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-10570005915768249182008-04-29T11:08:00.000-07:002008-04-29T11:09:10.824-07:00Poemilla nuevo de mala racha.¿Cómo calificar lo que falta si nada falta?<br />¿Por qué el aire falta si el aire sobra?<br />Las sonrisas no afloran a la boca sonriente.<br />No gusta el futuro del hoy que no acaba de germinar.<br />Buscar lo que no hay en desvanes atestados encadenado al interior de la puerta<br />con el mundo a la espalda y en el horizonte.<br />Se vuelven agonías los teléfonos y se escrutan las pantallas emergentes con dedos que abren nerviosos pequeños sobres azulados.<br />¿Cómo aceptar tan irreal, tan poco deseada, la realidad de la cueva que es el mundo?<br />Subyace el basamento. Se es feliz y realizado. Subyace y sostiene la innegable verdad de esta<br />gran mentira.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-49876496545331754182008-02-09T03:18:00.000-08:002008-02-09T03:19:45.905-08:00Traducción del discurso de Baraka Obama en New Hampshire.<span style="font-family:arial;"> Fue la creencia bajo la que se escribieron los documentos que declaraban el destino de una nación.<br /> Podemos conseguirlo.<br /> Fue susurrado por los esclavos y los abolicionistas mientras enarbolaban la bandera de la libertad.<br /> Podemos conseguirlo.<br /> Era la canción que los inmigrantes entonaban desde el agotamiento de las orillas lejanas y de los pioneros que se enfrentaban a la naturaleza inclemente camino del oeste.<br /> Podemos conseguirlo.<br /> Era la llamada de los trabajadores que se unían, de las mujeres buscando su derecho al voto; del un presidente que eligió la luna como nuestra única frontera, y del rey que nos llevó a la cumbre para señalarnos la tierra prometida.<br /> Podemos conseguirlo.<br /> Con justicia e igualdad.<br /> Con puertas abiertas y prosperidad.<br /> Podemos sanar esta nación.<br /> Podemos reparar el mundo.<br /> Podemos conseguirlo.<br /> Podemos.<br /> La batalla será larga, pero sabemos que no importan los obstáculos que se alcen en el camino. Nada parará las voces de millones de personas que piden la oportunidad de un cambio.<br /> Nos han dicho los más cínicos que no podemos. Sus voces se alzan y harán más ruido. Se nos quiere bajar a la inacción de no tener sueños. Se nos advierte que no demos falsas esperanzas.<br /> Pero la historia increíble que América ha protagonizado nos cuenta que jamás hemos fracasado en nuestra esperanza.<br /> Ahora las esperanza de la niña que va al cole en Dillon es la misma que la del chico que aprende en las calles de Los Ángeles. Recordaremos que algo está pasando en América; que no estamos tan divididos como dicen nuestros gobernantes; que somos un pueblo, una nación, y que juntos, escribiremos el siguiente gran capítulo en la historia de América con tres palabras que volarán entre los océanos y entre la luz de los horizontes.<br /> Sí. Podemos. Conseguirlo.</span>Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-27292991875311512112008-01-16T23:15:00.000-08:002008-01-16T23:25:08.796-08:00EL PROBLEMA GALLARDÓN.Si se presta atención, hay algunos puntos de ebullición que siguen siendo recurrentes en nuestra organización política. Si hay algo que llame la atención es la escasa reflexión de la que son objeto.<br /> El problema de Don Alberto Ruiz Gallardón, el suyo personal y el que él saca a la luz no consiste en la decisión adecuada o no a la que ha obligado al Presidente de su partido. El problema es el proceso decisivo en sí. Y es que en esta democracia nuestra, se mezclan materiales nobles con basamentos aún autoritarios.<br /> Hacemos funcionar la maquinaria del progreso con estructuras de poder monolítico como son los partidos.<br /> Cuando en una estructura destaca un individuo la estructura y quienes sobreviven por ella, tienden a ver correcta su eliminación.<br /> En todos los partidos pasa. Rosa Diez, Francisco Vazquez, ahora el Alcalde de Madrid, ¿la presidenta de la comunidad?...<br /> La primera tendencia fue la de sentirlo por Don Alberto. Lo ratifiqué y siento que la brillantez personal, respaldada además por resultados electorales, haya sido fagocitada por la estructura ademocrática. Por quien hay que sentirlo menos es por los ciudadanos, porque si hay algo que echo de menos en el discurso del señor Gallardón, víctima del sistema, es la intención de cambiar el sistema. El no se ve como parte del problema autoritario, se ve como víctima de la incompetencia de unos señores cuyo puesto, está convencido, él desarrollaría con más brillantez.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-12586477574405739202008-01-11T09:31:00.000-08:002008-01-11T09:34:20.888-08:00Poema de Ángela para mí. Lujo absolutoSus pasos por aquel pasillo eternizado y frío sellaban mi silencio.<br />Máximo respeto a aquellas manos que perseguían el viento acompasadas con la ilusión de ser parte de sus palabras. Plumas esas manos que dicen más que cien palabras, torre de babel sus dedos, capaces de reunir de un solo movimiento la raíz y la hoja de los sentimientos. Su voz, música de las tardes de lunes, organizaba ejércitos de hormonas.<br />La sencillez de intentar comprender, la humildad de reconocerse en los errores de otros y convertirlos en virtudes con una sola mirada de comprensión...<br />Guardo aquellas risas en una cajón de mi alma (fueron parte, quizás, de la mujer que nace ahora... guardo los recuerdos de las tres y media, biblia bajo el brazo y lectura pausada.<br />De los paisajes que imaginé escuchando sus susurros y de como lo vi a Él en muchas de sus palmadas en la espalda.<br />A nadie le importó jamás su inquietud, la forma en que sólo él se despistaba de las marcas del camino para fumar a medias un cigarro con su Padre, para reírse a solas de canciones, de los que intentan trepar para llegar al cielo en lugar de disfrutar de la lenta subida...<br />Aplaudo el rugir de la mañana, la juventud que nunca estará encarcelada, aplaudo el ánimo en días de tormenta, la calma, los sueños, la paciencia, aplaudo al poeta, al escritor, a aquel que intentan pintar de “donnadie”, al que dice más cuando calla... aplaudo al maestro de mis penas alocadas... al capitán del barco que navega en poesía.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-86196883783201687502007-11-17T00:58:00.000-08:002007-11-17T01:05:54.429-08:00POEMA DE AMORMe pediste un poema de amor y no puedo<br />porque la palabra me es insuficiente,<br />porque en la naturaleza no hay vuelo<br />ni hay flor; no hay en el mar color ni<br />olas suenan; ni blanco de luna; ni<br />lenguaje platón, tradición poema, música<br />de esferas, ni universo acogedor, ni beso<br />tan siquiera. Probablemente hijos, seguro<br />Dios… pero qué poco mi boca ruda, mi<br />abrazo torpe, mi impotente ser tu mitad<br />del todo que nos ordena.<br />En paralelismo:<br />Me pediste un poema de amor y no hay cosa que pueda.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-57082596913421689552007-11-12T08:33:00.000-08:002007-11-12T08:34:09.268-08:00El amor y las clases sociales.El amor: las mujeres.<br /><br /> Sábado a las diez de la noche. Antes de salir, una última revisión en el espejo. Una pesada mano por el pelo, flanco derecho, flanco izquierdo: perfecto. Todo estaba en orden. Salió de su cuarto con paso decidido y sintiéndose seguro de sí mismo e incluso atractivo, se despidió con enorme simpatía y desdén de los que quedaban en casa y salió a la calle. Pensó en no coger la moto para no estropear los hermosos zapatos que iba estrenando, pero no era conveniente ir sin autonomía propia, así que le pidió el coche a su padre. Como le dijo que no, extrañamente, optó libremente al fin por coger la moto, tampoco era para tanto el posible estropicio del calzado y no hay que exagerar.<br /> Arrancó la moto (¡Cómo sonaba!) y se dirigió al bar donde habían quedado. Aquellos eran sus amigos y sus compañeros de toda la vida. Ellos eran la compañía perfecta, la complicidad y el apoyo que cualquier hombre desea. Vestían de forma parecida, les gustaban las mismas películas y los mismos deportes y las mismas tías también, claro.<br /> El camino que separaba su casa del lugar de la cita bullía ya de gente, y mientras miraba airoso, aunque disimulado, a las viandantes arregladas ya con las que se había cruzado, comenzaba (ya) a sentir ese comezón de euforia y ambiente que entra cuando uno se presiente incluido en la masa que se divierte; así que retardó un poco la marcha del motor y encendió un cigarro.<br /> Aparcó la máquina, no si algo de dificultad, pues había muchas, y se dirigió al bar. Para variar, no había nadie. Bueno, sí había gente, pero ninguno de los que tenía que haber. Pidió cerveza y se sentó a esperar. Allí sentado solo y elegantemente vestido era como si todos y todas, la humanidad al completo y más, cada pared, cada coche y cada ventana le estuviese mirando. Incluso pasaba gente. No había más remedio que acorazar aquella vulnerabilidad pasajera. Era necesario transmitir mensajes de tranquilidad: cruzó las piernas, se recostó un poco y miró al reloj haciendo gestos de quien espera desespera y se pasó los dedos abiertos por sus maravillosos cabellos rubios y miró atento a un lado y a otro. Al volver a mirar hacia la derecha se quedó agradablemente sorprendido. Dos guapísimas se estaban sentando en una mesa cercana y a pleno alcance visual. Para prevenir, volvió a mirar el reloj y resopló con un disgusto elegante y comprensivo hacia quienes le tenían allí esperando. Ese era el mensaje. Sí, le tenían allí esperando. No sabría decir por qué pero sentía la certeza de que el interés que mínimamente despierta una persona sola entre el ambiente nocturno, está más cerca del temor o la compasión que de la fascinación, y eso era lo que a él le encantaba despertar en las mujeres: fascinación. Sintió que su estrategia no había sido inútil y se dedicó a observarlas poniendo mucho cuidado, eso sí, en que no se dieran cuenta. Para ello ponía en juego todo un repertorio de ángulos de ojos, caras de abstraído, retiradas con un fugaz movimiento de cuello... no se trataba de que ellas no supieran que las miraba, pues, mágicamente, todas lo adivinaban siempre; se trataba de que no hubiera pruebas concluyentes. Incluso les hacía gracia que alguien alto y guapo como él las observara complacido, seguro, pero no era momento, tan temprano y tan solo, para pasar a la desfachatez.<br /> Eran dos universitarias preciosas y elegantísimas. No es que fueran vestidas de fiesta, pero estaban muy elegantes. La rubia vestía una camiseta de Benetton blanca muy pequeña y ajustada, como si fuera piel misma. La redondez de sus dos pechos moderados y ofensivamente desconocedores de la ley de la gravedad estaba ilustrada por unas manzanas de colores limpios y brillantes rotos por un pequeño mordisco. Sensacional. Los pies estaban enfundados en unas deportivas blanquiazules de tela de la marca Dunlop y unos Levi's 501 magníficamente rotos acompasaban cada una de sus costuras a la más perfecta perfección simétrica de la que un humano pudiera gozar. Con su melena dorada hacía malabares que aceleraban el pulso. No le veía la cara, pues la tenía inclinada y vuelta hacia su amiga. Su amiga, la morena, llevaba un vestido negro que parecía un camisón y que dejaba sobre el cruce de sus finísimas piernas morenas un túnel triangular confuso pero inevitable como el mismo destino del mundo. A ésta sí le veía la cara y junto con unos ensoñadores ojos mieliverdes que movía como las alas de un ángel, tenía unos labios brujos que seguro pronunciarían el beso como un poema. La seda, o lo que fuera, de su vestidito anunciaba rozadora e intermitentemente, pero con absoluta y trágica claridad que no llevaba sujetador y lo que es peor, que no lo llevaba porque era absolutamente innecesario. Continuó sus labores de vigía incógnito un rato hasta que algo inesperado, o mejor que inesperado, esperado largo tiempo hizo que ya fuera innecesario su disimulo. Algo, eso sí, que casi se había olvidado de esperar. Un manotazo en la cabeza y por detrás y un ¡quiyo que estás embobao con esas dos pedazos de tías! que por supuesto ellas oyeron y que les cambió las sonrisas por dos caras de disgusto. Era el anuncio de que por fin llegaban los amigos. Ellas se fueron mientras él las seguía con la mirada y veía como se unían al grupo que las llamaba desde una acera lejana.<br /> Obligatoriamente separado de aquellos dos amores de su vida se entregó a un ratito de melancolía amorosa antes de unirse a la algarabía y el festejo de los amigos que ya comenzaban a dar buena cuenta de varios litros de cerveza que servían de inicio alcohólico y efectivísimo de la felicidad nocturna venidera. El líquido espumoso, sabroso y sagrado les ayudó a salir de aquel primer intermedio bebicitario en pleno apogeo. Los planes no podían ser más halagüeños. Iban al bar "El corral" a comer costillas de cerdo con las manos a disfrutar de lo lindo intentando cada uno ser el que más comía y dejando que la grasa les chorreara hasta los codos a la vez que se quemarían los dedos para no perder velocidad deglucionadora. Las risas, chistes, bromas y piropos volaban a buen volumen camino de un bar a otro.<br /> Sin embargo, y sordamente, una especie de picor en la conciencia le decía que a él lo que le apetecía era irse con aquellas dos para fascinarlas con su estatura y sus ojos claros y su moto y su ropa nueva. Aunque no se sentía solo, a cualquiera de sus amigos le gustaría lo mismo: acostarse con ellas.<br /> Por un momento le picó también la nostalgia de una novia que tuvo y que lo dejó diciéndole que era un hombre como todos los hombres y que todos sois iguales. No entendió nunca por qué se fue entonces con otro, que aunque rico, también era un hombre. Desechó rápidamente la debilidad espiritual que supone echar de menos a una tía y decidió pensar en las costillas de cerdo que el destino les deparaba si ninguna pandilla de tías lo impedía, lo que era seguro que no ocurriría, como siempre. Pero al menos olía a aventura.<br /> Cayeron las costillas y más cervezas. Luego cayó un muy apropiado guiso de hígado con patatas a las doce de la noche bien regado con vino. Para copear se imponía otra mudanza. Entre la realidad que vivía y el mundo que le llegaba por ojos y oídos había ya una cierta, leve y aún agradable desconexión etílica que le hacía sentirse más capaz y más amigo. Subieron la calle en cuya esquina se aprovisionarían de güisquis y cubatas como los siete (o los que fueran) magníficos cabalgando entre aclamaciones de los lugareños. Nadie les echaba cuenta curiosamente. Pidieron en la barra y salieron fuera formando una especie de corro en cuyo interior había un círculo concéntrico formado por circulitos de vasos. Charlaban animada y amistosa pero hipócritamente, pues no se miraban sino que oteaban a un lado y a otro disfrutando masoquistamente de moreneces, redondeces, contornos, contoneos... e ignorancias.<br /> A las dos horas de estar allí se encontró hablando con alguien sobre una personal teoría amorososimplificatoria que al igual que en los problemas con fracciones permitía simplificar elementos comunes arriba y abajo y que si entre más de una mujer se sentían cosas diferentes por ejemplo y brevemente x amor, cariño, sexo <br /> y curiosidad, aventura, sexo<br /> Se iba sexo y tanto x como y conseguían conservar su identidad y por tanto la infidelidad no existe aunque ellas digan que sí.<br /> - Tú eres un sabio y estás borracho. Además, si las tías ni nos miran nunca. ¿Tú has ligao alguna vez? ¿Ni yo?<br /> - No, tú no.<br /> - ¿Y tú?<br /> - Yo tampoco.<br /> - Entonces.<br /> Se volvió cansado de estupideces inmorales propias de los degenerados y las vio allí, al otro lado, junto a la puerta. Estaban tan encantadoras como al principio de la noche. Lo miraron y sonrieron. Seguro que lo habían reconocido. Quería mirarlas y conquistarlas de nuevo. En esos momentos no se piensa en matrimonios ni en camas ni en noviazgos ni en trascendencias tipo tengo novio o tengo la regla (lo que iguala un hipotético novio con una excrecencia de la mujer). En esos momentos sólo se piensa en una victoria inmediata sea de las dimensiones que sea. Y en fascinar, así que se compuso, alzó hombros y puso cara de interesante, y aprovechando que otras dos que estaban con ellas se acercaban a saludar a unos tíos enfijatados, buscó a un colega, y enfiló hacia ellas. Había mucha gente y se avanzaba lentamente. Se detuvieron junto a las dos amigas que saludaban a los marioscondes y él agarró a su amigo para que no siguiera andando y oír así lo que decían. Las amigas de la rubia y la morena intentaban disimular mientras una de ellas le decía a los tíos.<br /> - Me lo dijo Lala, que seguro que hoy acababa acercándose el cateto ese de los calcetines blancos, el cordón de plata saliéndose por la camisa abierta y el pantalón de tubo. Ese que iba por detrás.<br /> - Si quieres le parto la boca.<br /> - Déjalo, hombre, bastante tiene con lo que tiene y con el corte que Lala y Nani le van a dar.<br /> Él lo había oído comprobando que ni cuando le hacían caso le echaban cuenta. Sin despedirse, pasó al lado de una pareja (los dos morenos y de la misma estatura. Ella preciosa y él con gafas y cara de genio. Ella amorosísima y con alma encantadora) que se besaba. Tropezó con una mesa donde otra pareja miraba a la pared con cara de besugos y sintió que un amigo lo cogía del brazo.<br /> - ¿Ya te vas? Si esto está lleno de tías buenas. Yo me lo estoy pasando como los indios.<br /> - Los indios no se emborrachan solos y no follan con la imaginación. A los indios los matan a tiros.<br /> - Vale tío. Mañana a la misma hora, ¿vale?<br /> - Claro.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-87557749746129744532007-07-06T02:56:00.000-07:002007-07-06T02:59:37.900-07:00Algo de Bucay. Déjame que te cuente... La esposa del ciego.<span style="font-family:arial;">—Parece que entráramos en otro campo, el campo personal y subjetivo de qué le pasa a cada uno frente a la mentira. Y, en todo caso, por qué estaría mal mentir. Miles de veces hemos visto juntos que la sociedad en que vivimos detesta los individuos impredecibles. Esto significa una pérdida de control que complica las reglas de juego de la convivencia, por lo menos en el sistema tal como está estructurado. En este sistema, mentir está mal porque si mientes nunca voy a poder saber a ciencia cierta, qué piensas, qué haces, ni qué te pasa. Para conservar el control de la situación yo, como todos, necesitamos hechos verdaderos y si mis sentidos no alcanzan a informarme, necesito de la información que me des, necesito creer que lo que me dices es cierto.<br /><br />— Pero si no puedo confiar en lo que me dicen los demás – argumenté— tampoco puedo vivir.<br />— Nadie puede prohibirte que confíes, Demián. Lo que cuestiono es que pretendas prohibirle al otro que mienta.<br />—Pero, Jorge, si cada uno dijera lo que se le canta, todo se volvería un horror. Si todos mienten y nadie puede creer en nadie, la situación se transforma en un caos.<br /><br />— Es una posibilidad –dijo el gordo— pero no es la única. Hay otra posibilidad que es la que a mí me gusta pensar como más probable. Dijimos que uno miente porque juzgándose a sí mismo, teme el juicio de los demás. Dijimos también que el que miente ya se condenó.<br />Pero imagínate un mundo en libertad, un mundo de permisos inconmensurables, un mundo donde nada tenga que ser prohibido, inconveniente ni obligatorio...<br />En un mundo así, nadie se condenaría, ni se juzgaría, ni esperaría juicios críticos de los demás. Y entonces, quizás suceda que con la libertad de mentir o no mentir, con el permiso de decir la verdad u ocultarla, quizás suceda que todos a la vez dejemos de mentir y el universo se transforme por fin en un espacio confiable y relajado...<br /> Esa también es una posibilidad...</span>Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-37463360655031276292007-07-02T01:06:00.000-07:002007-07-02T01:11:25.671-07:00La parábola de la oruga.Avanzamos así. Y si aprendiéramos de esto, los de la cola, en vez de tirar del culo para detrás empujaríamos con nuestros gritos de ánimo a la cabeza y no la haríamos sufrir tanto.<br /><br />Para avanzar, la cabeza de la oruga comienza a tirar hacia delante, el cuerpo se tensa y sufre mientras que el culo se aferra para no caerse. No digo que el culo deba dejar su prudencia, gracias a ello la oruga sobrevive. Pero sí debería dejar su miedo y animar un poco.<br /><br />Cuando eres intransigente o cruel, cuando alguien te parece demasiado atrevido o simplemente te parece mal porque va en contra de lo que crees que tiene que ser así y basta... ojo si quieres avanzar, no vayas a ser lo que el culo de la oruga deja detrás, y no te ofendas. La oruga entera acaba yendo hacia adelante. Fue una promesa y es una marcha irrenunciable. Hay que tener la humildad suficiente para valorar a la cabeza, porque, en el fondo, cabeza y final son sólo una misma cosa. Una oruga.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-67099056186599492492007-06-20T09:44:00.000-07:002007-06-20T09:45:11.478-07:00Me gusta no me gusta. Como VincentMe gustan las decisiones libres, la espontaneidad de un beso irreprimido, dejar de afeitarme y usar vaqueros tan viejos que huelan a mi colegio. Las Reebok blancas recién estrenadas, el recibimiento nervioso de Obiwan mil veces al día, comprar aceite del bueno y la sutil espuma frambuesa de un tinto joven. Adoro que te guste lo que cocino, escribir sin remedio, y esta espera nerviosa del triunfo. Me gusta cuando te miro y sabes que te sé, cantar en todo momento y pasear mientras silbo. El roce de los dedos de Fon en mi cara, acariciarle a Nuria tan negro su pelo y reírme muchísimo contigo. Me tiembla el alma con el niñodios de Moguer y es un orgullo odiar la nana de la cebolla en su belleza. Me gusta saber que achico lo oscuro si lloro contigo. Y me gusta más que nada la palabra amigo.<br /> Odio los cinturones baratos, los colores tristes y el desorden de los libros. Para nada me gustan los coches habitados por ruidos, ver perder la esperanza, los zapatos sucios ni el tiempo perdido. Na me gusta el ya veremos, ni el vamos a ver ni el que lo ha dicho, mucho menos si me mira por encima del hombro desde su nicho. El poder me enferma y los pájaros sin nido. Que no muevas los pies al son de la música, una canción desperdiciada… y me parece el gran fracaso un te quiero nunca dicho. Estar contra algo, el luchar por y el chándal que nunca visto. Los espacios cerrados no me agradan más allá de tres pisos y limpiar con la mano el vaho del parabrisas es un horror nunca visto.<br /> Adoro conocer a Dios y que me llame amigo su hijo. Y más que el mundo mismo, lloro sin no veo el impecable milagro de ver volar tu espíritu.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-71176238284219646522007-03-16T10:32:00.001-07:002007-03-16T10:32:53.975-07:00Porque las cosas parecen normales hasta que, bien miradas, dejan de ser tan normales. Y es que los profes también podemos haceros ver un par de hechos curiosos:<br /><br /> A ver, poneros en situación: vais en ese escaparate de sobacos que es el tussam, que parece que nos subimos para anunciar el efecto Axe, o axila, que se dice, pero sin que pase nunca lo del anuncio, ¿os imagináis? levantas el brazo y se te cuela debajo la señora de enfrente y el chófer del autobús y tú encima, tienes que parecer feliz...<br /> Os decía, vais en ese cacharro del color de un sunidelaight a lo bestia después de que te han despertado de madrugada tras no haber tenido más remedio que acostarte tardísimo.<br /> ¿Había que estudiar?<br /> Claro, y algo más trascendente, cantaba ese muchacho que tiene nervios hasta en su peluquero, de hecho, lo peina con la mimipimer: el Bisbal. Y no él solo, sino el resto de<br />la peña: ese que parece un guionista de culebrones y que llora tanto y la que no presume na, y la libin a selebreichon... total, imposible acostarse a una hora decente para poder estar en forma para algo tan tonto como ir al cole al día siguiente.<br /> Bueno, hablábamos de cosas normales. Os parecerá normal el simple hecho de entrar en el cole, pero analicemos:<br /> Cuando estáis en 1er ciclo entran más libros que niña, todo sobre ruedas (gesto carrito) y cuando llegáis a 2ºc y Bto entra más niña que libros (gesto cigarro). Y qué caras Dios mío, ahora, eso sí, si se saluda se hace practicando idiomas (bostezo).<br /> Otra cosa, en primer ciclo aún estáis sujetas a la ley de la gravedad (ropa), pero os hacéis mayores y desafiáis a la física (ropa).<br /> En fin, se suben la escaleras haciendo esa prodigiosa imitación del caracol con agujetas y se llega a clase. Ya se acabó lo de tener sueño, chicle en la boca y a charlar como rumiantes:<br />- ¿A que no sabes quién me ha dado un toque?<br />- Po yo ayé me hice un pircin, ira tía (y ala ombligo al aire, pas tos)<br /> Y mientras santa Cinta hablando por el hi-fi, hacemos silencio por favor, y el silencio sin hacer, porque claro, como es normal, le estáis prestando la atención que se merece, según vosotras, ninguna, y los profes intentando ayudar al altavoz: te voy a suspender, claro es que estáis en la eso, si alguien no quiere rezar, que se vaya, el comprensivo, pero no sale nadie, es como hablarle a un saco de grillos. Hasta que se oye eso de “esto entra en el examen”.<br /> Comienza el día, por lo menos tiene algo bueno, es ese santo que habéis elevado a los altares sin consultar al Vaticano: San Viernes Gonzaga, porque si lo miráis bien, la semana se divide en: de lunes a miércoles, hablar del finde anterior, y jueves y viernes a hablar del siguiente, y decimos que no os sabéis los verbos, si domináis perfectamente pasado y futuro, ¿y el presente? po del subjuntivo.<br /> Ya estamos atendiendo al profe de 1ª hora, y el rimmel que parece supergén solidificao, que no hay quien abra los ojos y más con la moda de este año, las rayas, que las clases parecen el canal plus. Tocan: ¿quiya, ahora qué hay? No sé, qué hemos tenío, normá.<br /> Venga vale, sigue la mañana, ¿qué hora es? ¡po la hora de comer! que ya se oye el concierto en hambre mayor para tripa y estómago. Todas haciendo abdominales (gesto bocao) y ese olor a charcutería que hay por la clase mezclao con chocolate y gusanitos, y los lprofes moviendo la nariz ¿no os huele raro? jum jum jum , y no os pillamos. De vez en cuando hasta hay una que se atraganta y to y el profe preocupao cuando la ve con las lágrimas saltás y moviendo la cabeza como un pavo, ¿te pasa algo hija?<br /> Tercera hora, qué toca, ah, ya Startiza y la tiza contrataca, venga, y pintar en la pizarra, que parece una redacción sobre un programa rosa que tratara de una ganadería, la pobre. Y después, No hay tizaaaa... Bueno, ya está, que hay examen con Joseantonio, y eso que la Convención de Ginebra prohibió la tortura hace 50 años. Te dan el examen, te lo lees, te pones muy malita muy malita, aquí un examen, aquí una amiga... Os miráis unas a otras con cara apretá y siempre hay una que dice, ¡Bien me sé una! Seguís con el examen, hola qué tal, te veo muy blanco... y, por supuesto, nadie copia.<br /> Riniing, al recreo, sesión de rayos uvas pa las rodillas, así tenéis las pieles, como un frutero, que si uvas, que si zanahorias, que si aftersan de yoyoba. La pera que sois. Se acaba el recreo, 10 mn en subir, eso sí, menos a las que les tocaba limpiar el patio, que desaparecieron hace un cuarto de hora.<br /> Qué toca, qué toca, educación física: los 1000 m escaqueo por el río: ese paseo al sol, esa tertulia caminante, las dos o tres que se quedan como las reinas, a saludar (gesto). Te queda el chandal ideal, y los cuellos, supervenga, ¿por qué andas tan rara? es que los zapatos me los ha prestado una de segundo... Y en el vestuario al volver y 5ªhora, qué olorcitos, Dios mío, que parece que habéis estado en salmuera una semana al sol y en un tapergüé, y el profe de esa hora, que no quiere ser grosero, ¿qué os parece si abrimos las ventanas, hace calor no? y la criatura con más mala cara que un chimpancé chupando limones y más agobiao que un cangrejo en un cubo.<br /> Y por fin llega la última hora, y todas como si hubierais salido de una sesión de anestesia, menos los 10 últimos minutos, cuando comienzan a oirse a los que llegan a recogeros (moto) y parece que la clase os la están dando por la ventana, todas mirando pa ya.<br /> ¿Qué me decís de los niños? Eso sí que es una fauna ibérica digna de estudio, que parece un documental sobre el Buitre leonado planeando sobre su almuerzo. Porque, eso sí, salvo alguna exepción, hay una absoluta correspondencia entre la tribu urbana a la que pertenece la niña en cuestión y la tribu a la que pertenece el noviete ese que se queda abajo en postura típica de su grupo (imitar y eructo) mientras que vosotras a mirarse en el cristal más cercano ¿por qué ese tío? porque y lo valgo. Y ya por fin os vais por ah... salís. Y uno esperaría que recibierais al colega con amor y simpatía, ¿no? po no, si se salva de pagar el pato con una cara larga por lo menos desdén altivo, espera un momento, a no ser que quieras fastidiar a alguna compañera, entonces, lo adoras peliteñida.<br /> Ea, po yastá, empieza el findesemana, qué digo empieza, continúa, que ya vimos que comenzó el viernes a las 8.30.<br /> En la puerta hablamos de las cosas fundamentales: qué te vas a poner, con quién vas a quedar, a qué hora y dónde... todas a hacer la yegua, a hipódromo, aunque ya se están poniendo de moda otros sitios. Y además se nota que en religión habéis aprendido bien eso del amor al prójimo, porque os echáis unos piropos... y mientras sale ese rebaño con más agujeros que el colchón de un cangrejo con el cigarrito preparao y el mechero listo pa funciona na mas que dejen detrás a cinta que está en la puerta de chiqueros ehe ehe mientras se oyen cosas como, Dios mío la otra noche soñé que era cani, qué mal tía, o, ¿me dejarías los pantalones blancos para que se me vea más? o quiya, pásame los vaqueros del dragón pa ponérmelos con las plataformas de corcho, en fin, preparándolo todo para Atrévete o pa Capote.<br /> Y el sábado, tras descansar del viernes noche, las 3 de la tarde, madrugón, ¿mamá qué hay de desayunar? garbanzos, ala. De postre un ratito de messenger a Ochoa a tomar cafelito y a prepararse otra vez: ese agobio frente al ropero lleno: es que no tengo que ponerme.<br /> El domingo, qué chungo, si mañana hay un peazo de examen, bueno, salgo y ya estudiaré a una buena hora, las 12, así como no vais a tener esas caritas, normal.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-70109056239832081342007-03-13T13:55:00.000-07:002007-03-13T13:56:21.706-07:00The last monkyConsecuencias de ser el último mono. Consecuences of being the last monkey.<br /><br /><br /> Nunca me equivoco. Nunca hago nada mal, y, mucho menos, en ese imposible caso, lo admito. En el hipotético e inimaginable caso de que ello ocurriera ni con una bota de escalador pisándome el dedo meñique del pie viendo entrar a la Macarena daría marcha atrás. Ergo el último mono es el responsable directo de todos los fallos que se hayan ido detectando a cualquier nivel. Por lo tanto, es justo que pague las consecuencias del mejor humor posible. Agradezca, además le es permitido permanecer en la manada. Si además de culpable universal de toda culpa culposa optara por postura protestota y tontuzamente empecinada, sería de todo punto inaceptable.<br /> Si el último mono está triste o serio, el responsable de la manada tiene derecho prejudicial a sentencia inculpatoria so pena imponible a todo equivocado acusador crítico del perfectísimo sistema del que el responsable es omnímodo responsable. Ergo su siempre extrañísimo e inexplicable estado de ánimo y exacerbante expresión facial, tristeza o enfado (last monkey sandez or angriness make him a monsterness) son, asimismo y por su propio peso, fallos intrínsecos de adaptación del último mono, que se resiste, obstinada y erróneamente a ser el último mono que es. Ergo él es la causa directa de todas sus propias consecuencias.<br /> Al ser el último mono el culpable de todos los fallos (incluido él mismo) la cúpula de la manada tiene derecho a extender dicho razonamiento. Ergo no sólo es culpable de todo fallo efectivamente contrastado, sino que, todo acto perpetrado por él es (ab initio, fronde biginin) absolutamente fallido y disparatado. Ergo su sometimiento a vigilancia y entredicho es deber moral de la cúpula, ya que , con su propia existencia, el último mono vulnera los principios constitucionales de la manada. La cúpula tiene pues, no sólo derecho, sino la obligación altruísima de negarle de forma preventiva dichos derechos. Sería situación comprometidísima pudiera disponer de los mismos dichos derechos que los monos integrados pueden.<br /> El último mono, al no saber aceptar sin más su lugar en la manada a la que pertenece por adopción graciosa, que jamás de forma natural de suo, en su afán por relacionarse con otras formas de vida para así ilusoriamente escapar del ostracismo connatural a biing de las monki, rompe todo lo que es el comportamiento establecido per secula para toda manada de monos. Hay fuertes penas para eso en todo pueblo elegido y en toda manada.<br /> No debe inducirse ningún derecho a renuncia por parte del último mono a nada de todo lo anterior. Si bien es cierto que la infalible e inamovible existencia de la cúpula necesita de un último mono para ser usado de continuo en incluso en caso de necesidad, esa existencia del universal no exime al último mono de ser el último mono. Si faltara se buscaría reemplazo inmediato, pero mientras exista, la razón de su ser en la manada es unívoca e inapelable. Es y será por siempre delast monki, por detrás de todos los demás miembros, ya sean antiguos o de nuevo cuño, pues lo suyo es una esencia, que no un accidente. Vulnerar este principio desestabilizaría a la cúpula en mí encarnada y a toda la manada, de la que por designio divino cuido.<br /> Además de la benignidad de la manada el último mono goza, de manera injusta e inexplicable, de una seguridad en sí mismo, de todo punto de vista ofensiva y de unos inmerecidísimos golpes de suerte que le permiten sobrevivir e incluso mostrarse altanero y orgulloso. La supresión debe ser siempre un peso en el aire para control de dicho elemento y para ello se le hará patente y se acumulará arsenal adecuado.<br /> El último mono me toca las pelotas incluso relegado a ser el último mono. No lo soporto. Que sepa que por mucho que lo intente no es del agrado de la cúpula quencarno. No lo zoporto. Es que no.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-58962622413047306402007-03-02T04:53:00.000-08:002007-03-02T04:54:58.586-08:00MAMÁ CARTA<br /> <br /> El pueblo estaba demasiado lejos, si es que a aquellas tres casuchas se les podía llamar pueblo. Además, si fuera algo importante, mira, pero seguro que son cartas de queridísima, queridísimo, besos y demás. Una casi todas las semanas; también son ganas de escribir.<br /> Cuando joven, él también había escrito esas cartas y sabía lo que decían, así que se las llevaría todas juntas al final, mejor, tendría más besitos. Pero... anda que si se enfada ella por no dárselas una a una... Claro que se enfada, pero con este calor... ya vería. Esa era su frase.<br /> Ya vería.<br /> Mientras, en la sombra de la entrada y con el ventilador enfrente, no se estaba tan mal. Sus botas, en alto y apoyadas en algo, como en las películas, tenían el polvo de cuarenta y dos años repartiendo cartas.<br /> El los había visto hacerse novios y los había visto alguna que otra vez en alguna que otra calle besándose y haciendo alguna que otra cosita más. Eran jóvenes, ya verían.<br /> <br /> - ¿Te has fijado lo blanca que anda la niña? Ni que el novio se hubiera ido a la guerra en vez de a buscar trabajo. No hay quien los entienda.<br /> - Es que hace tres meses que no le escribe, Pedro, y ella creerá ya que no la quiere.<br /> - ¡Qué niña ésta! ¿No sabe lo lento que es el correo? Además, bastante ocupado estará como para llevarse escribiendo todo el día.<br /> - No soy niña, padre, ya tengo casi veintisiete años, y debería escribirme, si.<br /> - ¡No me hables en ese tono!<br /> - No padre.<br /> - Vete y déjame hablar con tu madre.<br /> - Sí padre.<br /> - ¿Te has fijado lo que está engordando? Casi no se le ven los ojos.<br /> - ¿En qué quieres que me fije: está muy blanca o está engordando?<br /> - Las dos cosas.<br /> - ¡Sigue así! Lo que le hace falta a la niña eres tú y tus tonterías. Me voy, que ya es tarde. Dile a la niña que me cepille el caballo, esta tarde voy al pueblo.<br /> - ¿Te llegarás a correos?<br /> - Por no escucharos. Hasta luego. Adiós niña!!<br /> - Adiós padre!!<br /><br /> Siempre salía de su casa con la intención de no hacerlo, no había que tentar tanto a la suerte, pero verla y mirar era como un arañazo en el centro mismo del centro del estómago. Y el árbol, la noche, el olor, su olor, el aire y los besos... Era como dejar que el alma diera gritos y gritos hasta dormirse.<br /><br /> Otra carta. Había llegado otra carta. Iba a tener que decidirse a llevarlas, porque aunque fueran de besos, tampoco un beso es tan poca cosa como para no echarle cuenta. ¡Ay! y me dijo mi mujer que me pasara por la tienda y le llevara no sé qué. Bueno, iré a la tienda antes de que cierren y luego llevaré las cartas. Debería haber comprado aquel percherón que le ofreció el jefe. Mañana iría a verlo a ver si se lo vende.<br /> El padre pasaba en ese momento por la puerta de correos: Señor Pedro! Señor!<br /> Tenía el cartero poca voz ya. Se fue. También es mala pata. Y la hora que es. Bueno, iré a la tienda. Mañana cuando compre el percherón llevaré las cartas.<br /> El cartero caminaba despacio.<br /><br /> Querida y amor mío:<br /> Hace ya siete meses que te escribo todas las semanas y todavía no me has contestado nunca. ¿Estás enfadada conmigo por... eso?<br /> Ya me va bien en el trabajo y me he mudado a una casa casa y no vivo ya en el buhío ese que te conté. Ya tengo algo ahorrado y puedes venirte para acá cuando nos casemos. Aquí en este trabajo dan vacaciones y valoran, eso dicen, el que yo sepa manejar estos motores. ¿Te acuerdas que cuando los hacíamos pensábamos que sólo eran juguetes? Estoy estudiando también. Dicen que cuando acabe esto que ellos llaman ingeniería voy a ganar mucho dinero, y eso que no es nada más que poner nombres raros y dar muchas razones a las cosas que son porque sí.<br /> ¿Cómo te va... eso? Escríbeme, aunque ya pronto iré y nos casaremos. Muchos besos, y recuerdos a tus padres. Hasta pronto, tu<br /> <br /><br />¿Te has fijado que ya hace siete meses que el novio de la niña se fue y que todavía no le ha escrito? La niña se lleva todo el día llorando. ¿Y te has fijado lo blanquísima y lo gorda y lo rara que está? Si sigue así vamos a tener que llamar al doctor.<br /> - Al doctor ni al doctor. ¿Qué falta le hace el doctor a alguien que engorda? Eso es bueno: que engorde.<br /> - ¿Y el novio?<br /> - He oido que el cartero estaba muy mal desde que se cayó del caballo. Iré a verle, pobre hombre, y le preguntaré al nuevo por si hay carta.<br /> ¿Y niña?<br /> - Fuera. Seguro que está llorando.<br /> - Llorando. Como si no hubiera otra cosa que hacer.<br /> - ¿Por qué no eres más cariñoso con ella? ¿Te has fijado que no le das un beso desde que cumplió los diecisiete años?<br /> - Soy su padre.<br /> - Por eso.<br /> - Pues por eso.<br /><br /> Ella estaba fuera, bajo el árbol. Ella era unos grandes ojos casi sin color y escondidos y estaba inflada, enorme y blanca. Muy blanca y muy enorme. Tenía en la mano uno de esos juguetes que volaban que él sabía hacer. Era el último que hizo antes de irse. Y aún no le había escrito. Hay que ver. Le había dicho que la quería, pero... ¿sería sólo para... eso? Ahora empezaba a creer que sí, pero es que tenía miedo, mucho miedo. Hacía siete meses que estaba embarazada y no se le notaba todavía la barriga. Mejor, claro, así su padre no se daría cuenta. Pero era algo tan raro. Siete meses y sin barriga, y siete meses sin carta. Miraba cómo el juguete daba vueltas en el cielo, alargaba la mano y volvía a hacerlo volar. Ojalá escribiese. O que viniera por lo menos. Bueno, no, porque si viene es que no tiene trabajo y entonces no nos casamos, y entonces cuando tenga el niño, verás mi padre. Además, estaba muy fea, pero si viniese por lo menos... No, que llegue carta mejor.<br /><br /> En casa del cartero todo el mundo estaba muy triste. Ya se sabe que hay que morir, pero quién cree que vaya a morirse, y menos, que se vaya a morir su marido. Dos meses hacía que se cayó del caballo. Iba a llevar unas cartas a no sé dónde. Quién le mandaba a él comprarse un caballo. Hace dos meses que no hace nada, sólo mira. No coge polvo siquiera. Ni agua ni aire. Quién le mandaba a él llevar cartas a ningún sitio. Hola señor Pedro. Pues ya ve, ningún médico a sabido decir nada. Muchas gracias. Sí, rezar, sólo rezar, gracias. No, el nuevo cartero no ha llegado; se lo diré. Adiós, adiós.<br /><br /> Las vacaciones: era un buen invento ése. Tenía dinero, mucho dinero, y cada mes le daban lo mismo otra vez. Siempre lo tenía seguro. Era ya un ingeniero y vestía como le habían dicho que era más elegante. Todo el mundo se admiraba de que fuera ingeniero en nueve meses, pero él no lo comprendía, sólo había aprendido lo que ya sabía, sólo que ahora sabía explicar y usar esas cosas que había sabido hacer siempre. Nada más.<br /> Subió al coche y salió para el pueblo. Su novia y su hijo. Se casarían y volverían a la ciudad. Tenía un mes entero. Buen invento las vacaciones, sí señor. Alguna que otra duda tuvo: siete meses escribiendo sin contestación alguna. Pero es igual; eran probables mil combinaciones de probabilidades de error. Iba a verla pronto. Horas ya solamente.<br /><br /> - ¿Y niña?<br /> - No sé.<br /> - Mujer,¿ te has fijado cuánta luz hay hoy?<br /> - ¿Y niña? ¿Dónde estará ahora que lo dices?<br /> - Ya aparecerá.<br /> - ¿Qué es aquello que viene por allí con tanto polvo? Viene alguien dentro. Él. Llámala. Llama a niña que es su novio.<br /> - Niña!! Niña!!<br /> No contesta, Pedro, ¿estará mal? Estaba tan gorda y tan blanca. Vamos a llamar al doctor.<br /> - Qué doctor ni doctor! Vamos a recibir al yerno y ahora la buscamos.<br /> - ¡Hola señor Pedro!<br /> ¡Madre! ¡Cuánto tiempo! ¿Por qué no contestaron las cartas?<br /> - ¿Las escribiste?<br /> - ¿Y niña?<br /><br /> No tenía barriga, pero sabía que iba a dar a luz. Era seguro. Y no era dolor. Simplemente era que la luz le arañaba los pulmones, que bebían olor a nubes con el aire. Estaba tendida bajo el árbol respirando muy fuerte y con los brazos abiertos.<br /> Gritó.<br /> Era el mejor grito que había dado nunca.<br /> Se escuchó en todo el cielo.<br /> El cartero parpadeó y se tocó el bolsillo.<br /> Novio y padres la pudieron encontrar.<br /> - Mira, Pedro, fíjate, ya no está gorda, no está gorda.<br /> Él contuvo, por respeto, su abrazo, y sólo le cogió las manos.<br /> - Niña, ¿por qué has gritado así?¿por qué no has contes...Oye -susurró- ¿y eso? ya debería estar muy gordo.<br /> - No sé.<br /> Y se sentó bajo el árbol como quien lleva siglos viviendo.<br /><br /> En la cama, sobre el cartero de botas polvorientas que silvaba una nana, encontraron a un recién nacido limpio y blanco que mamó unas cartas como primer aliento de vida.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-72069431247585058362007-02-23T23:39:00.001-08:002007-03-02T04:58:28.921-08:00Belén Esteban en el carnaval.<span style="font-family:arial;">Para ilustrar lo que decíamos ayer, que está debajo. ¿Por qué ocurrió el abucheo famoso? Recuerden la escena. Casi un centenar de gente preparada, que sabía bailar, que seguramente cobraría una miseria y que seguirán soñando con el triunfo o, al menos, con poder vivir de lo que les gusta y saben hacer. ¿Quién estaba arriba y quién cobró más independientemente de la calidad de su trabajo? Pues seguirá haciendo de periodista sin serlo y de estrella del baile sin bailar. Convenza usted a un adolescente de que, aún así, esforzarse merece la pena.</span>Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-50355306409347673142007-02-23T09:17:00.000-08:002007-03-01T04:03:48.637-08:00Ideas sobre educación.Ideas sobre educación.<br /><br />Los jóvenes de hoy no estudian. Cierto. Nunca a los humanos les gustó estudiar a la fuerza. Y llenos de hormonas menos. Pero con eso no se explica todo. Sí es menos común encontrarse con alguien con ilusión por aprender. Explicación posible: Siempre se ha estudiado o bien para mantener un status de familia o para escapar de un estatus de familia (estamos generalizando). Hoy día ni es necesario mantener estatus alguno pues el libre acceso a la enseñanza y a los bienes materiales no lo imponen, ni se siente necesidad de huir de la incultura, pues la tele iguala la cultura general e internet ayuda a compartirla. Los jóvenes en general no tienen situación económica de la que huir. Y tampoco experimentan que eso que hasta se llamó elitistamente cultura sea algo que les sea necesario.<br />Valoración social o prestigio. Tampoco se alcanza ya por los estudios. Es de todos sabido que la hora de un operario de taller mecánico o de un fontanero se paga más que la hora de un licenciado universitario. Y hacer una carrera es algo muy duro. Por otro lado en la sociedad no se respira valoración alguna de los títulos. En la administración pública un grupo C está por encima de uno D aunque el D sea doctor en astrofísica. En nomenclatura se ha perdido la diferenciación y todos somos arquitectos, sanitarios o profesores, se tengan los años de estudio que se tengan. Hasta a los monitores de gimnasio se les otorga el nombre de profesor. Como si a todos los militares se les llamase General o a todos los que visten bata blanca Doctor. Se permiten jefaturas de títulos inferiores sobre títulos superiores. Eso es una infravaloración. Se mire como se mire.<br />Lugar común en el que no vale la pena entrar. ¿Qué debería hacer alguien para ganar estudiando lo que gana Ronaldinho o Beckham? No habría manera posible.<br />Por último. Para ser un pobre docente es imprescindible una diplomatura o una licenciatura. Para trabajar como esclavo formalizador de recetas para la sanidad pública sumémosle el torturador MIR. Está prohibido abrir una farmacia tras licenciarse. Ganar un sueldo miserable de juez cuesta años y salud. ¿Qué se les exige a los políticos que puedan ser jefes de los anteriormente dichos? Nada. Absolutamente nada. Está al albur de la muy improbable decencia intelectual de quien los nombra. Es legalmente posible ser analfabeto funcional y llegar a jefe de gobierno, esperemos que nunca a jefe de Estado.<br />Si adoptara una postura fervorosa contra esto se me tacharía de fascista. No lo haré. Sólo intentaba describir una situación. Esos modelos son los que damos. Esa ilusión por el estudio y la cultura encontraremos. Como llevamos toda la historia haciendo, cuando somos adultos responsabilizamos a los jóvenes de obedecer los modelos que les damos. Continuaremos si procede. Saludos.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-50307694542011611622007-01-31T03:56:00.001-08:002007-01-31T03:56:51.459-08:00De Diario de un poeta recién casado (1916).<br />Distinto<br />Lo querían matar<br />los iguales,<br />porque era distinto.<br />Si veis un pájaro distinto,<br />tiradlo;<br />si veis un monte distinto,<br />caedlo;<br />si veis un camino distinto,<br />cortadlo;<br />si veis una rosa distinta,<br />deshojadla;<br />si veis un río distinto,<br />cegadlo.<br />si veis un hombre distinto,<br />matadlo.<br />¿Y el sol y la luna<br />dando en lo distinto?<br />Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir<br />distinto<br />de lo distinto;<br />lo que seas, que eres<br />distinto<br />(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):<br />si te descubren los iguales,<br />huye a mí,<br />ven a mi ser, mi frente, mi corazón distintos.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-6953195807963815892006-12-16T09:42:00.000-08:002006-12-16T09:47:34.867-08:00<div align="center">Hay veces hermanos, hay veces,<br />Señor,<br />en que huelo, casi toco, en que intuyo<br />lo que es el mundo; en que comprendo<br />qué es, deseado, un dios deseante por<br />oteros y collados; en que el alma entiende<br />que decir no puede lo que el alma<br />entiende balbuciendo y susurrando:<br />enorme grito que me anega y que<br />comprende (que pequeño me veo cuando,<br />Señor,<br />me haces grande) que existen, como<br />partículas de luz que me miran y me<br />tocan, los milagros.<br />La alcanzo y la toco y se me escapa<br />y la intuyo (como mi mujer la conoce<br />desde los tiempos) y tiene,<br />Señor,<br />tu nombre y tiene, universo,<br />su cara,<br />y tiene fuerza de hombre (qué débil,<br />que nada) y tiene alma de dios, pero<br />miedo a las espadas, llanto de niño,<br />humanidad que la cabeza agacha.<br />La verdad. Todos la saben y qué<br />difícil alcanzarla.<br />Veces, veces Señor, en que se oye ya<br />el reino en casa de los hombres, pequeño<br />rebaño,<br />Señor,<br />tranquila impaciencia de saber que se<br />te tiene, que has llegado y no te hemos<br />conseguido,<br />Señor,<br />desde este mundo de Dios por el que el tiempo pasa<br />dejando tan llena (y tan vacía por amplia)<br />tan pacífica y tan blanca, tan sin ti y de ti<br />Señor,<br />el alma.</div>Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-53612090711251498112006-12-07T02:04:00.000-08:002006-12-07T02:07:51.992-08:00Tan indigno de ello como cualquiera pero tan desaprensivo como muy pocos, me dispongo a dotar al mundo con una muestra más del género epistolar. Qué curiosa es la vida (me permito aquí un descenso al lenguaje del vulgo), cuando se es un desconocido, también se dota al mundo con historias nuevas al escribirlas, pero es sólo una manera... manera... ¿falaz?. Falaz de expresarse. En fin, me dispongo, decía, a hacer una revisión de la trayectoria seguida (somera, por supuesto) hasta este olimpo de fama y dinero en que vivo; más para dar ánimos que otra cosa y compadeciendo de ¿antemano?, mejor a priori. A priori a quien sienta envidia, pues sé que es sensación poco gratificante.<br /> Jamás llegué a creer que lo conseguiría, y no por ninguna humildad falsa o real, no, sino por cierta atávica tendencia pesimistodepresiva (suena bien) que mis ancestros y no tan ancestros debieron donarme de forma absolutamente reprobable, ya que condeno enérgicamente el débil carácter de quien se agarra a sus circunstancias personales (orteguiana tautología por añadir algo, poco, de erudición) para convertir su vida en una agonía trágica, en un drama epicoindividual (estoy hoy sumamente fácil, observo; de lo que mis lectores se congratularán gracias a un obtuso proceso empaticoidentificativo y mitómano que disto de entender) del que son los primeros, ¿es?. Es el primero en congratularse como espectador propio y compadeciente de sí mismo sin explicarse jamás que los demás no lloren de admirativa pena y respetuosa lástima, qué felicidad, al verlo o verla, que es ya norma político-lingüística el barra-a. Lo que pasa es que me apetece mucho y a menudo abandonarme a la comodidad de una depresión; cómo añoro ese meterse en la cama rodeado de silencio y nada y ese disfrute de la más absoluta abulia: no leer, no escribir. No trabajar... no afeitarse/depilarse. Bueno, dije que no soportaba a los depresivos/as practicantes, y esto da una pista de por qué insinué conocer la envidia.<br /> Bien, decía que jamás confié en llegar a lo que he llegado, aunque nunca abrigué duda alguna sobre la profunda genialidad de mi inspiración y persona, físico aparte salvo cuando me deprimo; incluso, a menudo, leyendo algún artículo, relato o novela me sentía y me siento muy por encima como artista y profesional del artesano del guorperfe o del güinguor (esto suele agradar jocosamente) o lo que sea que se gana la vida con ello. Y como soy muy inteligente, sé que habrá ya hoy quien ocupe respecto de mí la misma posición que yo he dicho ocupar, con lo que yo sería un injustamente afortunado simple orfebre aprovechado por y beneficiario del (así, en... ¿ceugma?) sistema, mientras que el contemplante (¿habré repetido esta palabra?) se ve inopinadamente relegado al anonimato, la oscuridad y, seguro, al no desahogo económico. Pero como soy muy inteligente, ya dije y han podido comprobarlo ahora y en mis múltiples intervenciones televisivas y periodísticas, suelo evitar estos argumentos siempre que puedo, que es cuando no estoy deprimido.<br /> Estaba diciendo que jamás tuve fe plena en que llegaría aquí, aunque comenzaré por el principio, reescribiendo y reescribiéndome como todos siempre. Notarán en. En no, por. Por esta frase que durante un tiempo me gané parte del sueldo haciendo críticas literarias por encargo, antes de ser una voz nueva, pero no adelantemos acontecimientos retrospectivamente.<br /> El principio, el feto, el germen, el culmen (¿a que estas palabras deberían llevar tilde?) del inicio, los primeros balbuceos (es imprescindible manejar la sinonimia, todos lo sabemos, pero... ¿existe realmente la sinonimia?) fueron, contra todo pronóstico, prospectivo ya hoy, claro, de lo más común: unas estrofillas de cuatro versos octosílabos, o endecasílabos si sobraba algo, con un repugnante tono imitatorio de Gustavo Adolfo con Manuel Machado que aún hoy me da náuseas. Afortunadamente se perdieron y no los recuerdo. La causa de semejante desatino también era, para el escarnio de mi memoria, de lo más previsible, pues siendo un gordito marginal empolloncete estaba, además, enamorado. Ahí empecé. Pero solo como diarrea sentimental con finalidad exclusivamente terapeutica, esdrújula terapéutica, seguro. Lo que pasa es que le cogí el gustillo in o sub consciente. Luego vino una larga temporada en blanco, hasta que tuve la primera depresión y mi vientre buscó de nuevo el alivio del papel y la pluma (no sé si quedará bien. Sí, tampoco es tan original. Perfecto). Fue entonces, ya era jovencito, cuando comencé a plantearme que, a lo mejor, era bueno lo que escribía, hice varias cositas y decidí que iba a sentirme escritor. A partir de esta resolución dejé de escribir, dedicándome privativamente (y así no vuelvo a poner exclusivamente) a sentirme escritor. De semejante majadería saqué una de las más conseguidas depresiones que he tenido nunca y que, superada, echo a menudo de menos con nostalgia y dolor, pues pocos golpes hay tan duros en la existencia de un genio literario como descubrir que para ser escritor hay que escribir, pues es entonces cuando esa sublimación espiritual del carismático y feliz infeliz se convierte en conceptos como trabajo, esfuerzo, disciplina y, lo peor de todo, innumerables muestras de porquería indigna de nuestra (mejor el plural, menos autoinculpatorio) capacidad. Dicha experiencia traumática suele coincidir con la llegada a nuestra órbita de designios de la ansiedad causada por un infinitivo infame cuando in-satis-fecho: publicar. Las de esquizofrenias que causa, pues se ha de pasar de ser un autocomplacido ignorado a un por fin examinado, no obstante es muy difícil, ya se sabe. Me pasé varios años trabajando en mi vendidísima primera novela, con la que me forré y con la que me deprimí a gusto dos o tres veces mientras la escribía y dejaba de escribir. La había comenzado al tomar conciencia de la maldición del escritor explicada de suso, aquello de que hay que escribir para poder quejarse de que uno no publica, sorprendentemente, dada mi calidad, asimismo con esta artimaña estuve a punto de fracasar, pues la envié a editoriales mil (siempre de las fuertes, eso sí) antes de acabarla, pudiendo así dejarla aparcada para deprimirme un poco, dado que ningún editor/a parecía darse cuenta cabal de lo que tenía entre manos y no se ocupaba de orientarme y darme el espaldarazo necesario, aunque ese vocablo siempre me produce cierta aprensión. Me sentí, así, pleno, pues tenía de las dos cosas: un considerable número de acuatros mecanografiados a doble espacio y un aún pleno anonimato, con lo que podía ser un desecho y un triunfador al acecho a la vez, que ha sido mi única adicción a la adrenalina.<br /> Sí, ya sé que dicho con esta proverbial diafanía que me caracteriza suena fácil, pero me metí en una espiral que amenazaba con privar al mundo de mis obras. No. Del conocimiento de mis obras, ya expliqué el matiz al principio de mi carta. Fue gracias a la ayuda de esa persona especial, única e irrepetible que todos tenemos al lado que resolviera esforzarme en buscar más apoyo logístico antes de abandonar mi destino definitivamente y hundirme en la queja eterna, porque si hay algo más aterrador y subyugante que estar escribiendo y quedarse atrancado es la sola idea de acabar y comérselo todo con patatas. Aún hoy se me eriza el vello, menos mal que como soy famoso me publican lo que sea.<br /> Algo había adelantado sobre ello y termino. Cuando casi me veía obligado a optar en deprimirme para siempre jamás y con razón, que no hay mayor placer para el ser humano, intervino el azar de la providencia y, por casualidad, ya que mi mujer había enviado cientos de rogativas periódicas a quien algo tuviera que ver con el sector, me pidieron, mejor, me concedieron, no seamos (de nuevo el plural) pedantes, una colaboración en donde Dios quiso. Algún que otro crítico que trabajaba en algún que otro grupo editorial rentabilísimo quedó subyugado (otra vez me resuena una palabra) por mi brillantísima prosa y me concedió el honor máximo: la calificación de nueva voz, de autor en ciernes (eso si que es una gilipoyez) de joven renovación (con más de treinta años y viviendo con mis padres, por Dios Santo, joven, que le hubiesen preguntado a mi progenitor). ¿Qué pasó?, que me pusieron de moda, como a otros, gané pasta, me encontré a mimismo (me gusta así) y pude ser normal, que es como casi ser feliz pese a que tuve que renunciar a deprimirme según mi libre albedrío, cosas mías, y me veo obligado a estar siempre ufano, por lo que soy y lo que tengo. Qué vida esta tan esclava de su propia lógica... aunque ahora que lo escribo, quizá haya descubierto alguna nueva razón-para, que no es mal final para convencionalizar la cosa, y es que me asombra mirar lo que uno es capaz de hacer para labrarse un destino algo más confortable. Dicho queda, e iré a ver si hay patatas, aunque si esta carta ve la luz es que no hicieron falta. ¿Ven como no es tan fácil la cosa?.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-1164443964471861372006-11-25T00:38:00.000-08:002006-11-25T00:39:24.483-08:00El campo se tendía llano y cálido, casi dormido, hasta donde alcazaba la vista, salpicado de encinas y matojos que empezaban ya a jugar con las sombras. El cesto de higos chumbos estaba ya casi lleno. Las manos del viejo se movían, arrugadas y lentas, seguras, por entre las púas de las chumberas con una navaja pequeña y gastada que su abuelo recibió de algún otro abuelo. Ahora era suya y se la daría a su nieto muy pronto. Los hijos siempre quedan cogidos en el tiempo. Uno es demasiado joven para darles lo que ama, y, cuando se olvida amar lo poseído, los hijos son, ya, demasiado viejos. Menos mal que casi siempre hay algún abuelo.<br /><br /> Sonido de caballos. El viejo se dio la vuelta y vio dos jinetes de corto con garrocha.<br /> - Buenas tardes nos de Dios. ¿ Gustan ustedes un higuito ?<br /> - Viejo, ¿ Qué haces aquí ?<br /> - Aquí estamos, cogiendo unos higuitos para la familia. Pa entretenernos.<br /> ¿ Ustedes gustan ?<br /> - ¿ No sabes, viejo, que esto es coto privao y que aquí no se puede entrar ?<br /> - Sí, pero na más que estoy cogiendo unos higuitos, ya me voy...<br /> - Quieto, viejo, que te llevamos.<br /> - No hace falta, señores, me voy dando un paseíto.<br /> - Sube.<br /> A caballo el campo se ve de otra manera. Uno ya no es de la tierra. El campo es suyo. Todo trota, lentamente de arriba a abajo y es uno capaz de ser veloz como los animales y como la naturaleza. Y lento como el sol. A caballo el hombre es más hombre porque es más animal su cuerpo, pero bueno, el caballo no era suyo.<br /> Los jinetes vieron a un novillo y empezaron a correrlo. El viejo, detras de uno de los caballos, callaba. Eso sí que era correr. Animal contra animal abajo y el hombre arriba, haciéndolo, quieto, todo. Tirado el novillo y enlazado, uno de los jinetes, ya a pie, le torció el cuello hacia el suelo. El animal, con los ojos desencajados, se dejaba hacer, mientras no le pusieran otro de aquellos hierros calientes...<br /> - ¡Trae ya al viejo!<br /> El viejo se vio de nuevo en tierra, y, al momento, sentado en el cuello del novillo y cogido a un cuerno.<br /> - Ahí te quedas, viejo, para que aprendas a coger higos en sitios menos peligrosos que este, y ten cuidado, que ya sabes que cuando te levantes, si no se le antoja antes, se levanta el bicho.<br /><br /> Eso no era lo que él entendía por estar el hombre arriba y el animal abajo, no señor.<br /> Justo al lado, el canasto de higos y la navajita clavada en uno. Quién pudiera comerse uno, con lo seca que tenía la boca. Los segundos se hacían muy largos. Debajo sentía el movimiento del animal al respirar, todo negro y ojos.<br /> Bueno, algo habría que hacer. Su mano libre fue, con la firmeza del que conoce, al canasto y salió de él la navaja con la hoja húmeda del agua de la fruta. Con decisión y pena, pero sin remedio, el viejo hundío la navaja detrás de la mazorca del animal y sintió debajo de sí una sacudida seca y el fugaz comienzo de un mujido de imcomprensión.<br /> ¿ Qué otra cosa podía hacer ?<br /><br /> En su casa no estaban tranquilos y desde la puerta lo vieron venir entre la tarde y el silencio, todo lentitud y tristeza.<br /> - ¿ Qué te pasa abuelo ?<br /> - Na hijo, que he perdío tu navajita.<br /> Aquello no era lo que el niño esperaba oir, pero bueno, era su abuelo.<br /> - No importa, abuelo, tú me haces otra.<br /><br /> Los dos jinetes venían de la taberna del pueblo, allí se habían enterado de que Manué el conoceó había ido ese día a coger higos.<br /> - ¿ Manué el conoceó ?<br /> Sí, había sido capataz del cortijo desde antes de que ellos nacieran y hasta poco antes de que ellos llegaran. Lo dejó por la edad, y fue muy amigo del padre del señorito.<br /> Los jinetes no tuvieron más que mirarse para saber que tenían que coger el caballo e ir a donde habían dejado a quien acababan, ahora, de conocer.<br /> En el bar, tras un momento de pensar en imaginar algo extraño, todo siguió como antes, vasos, voces, ruído de dominó y el humo pasado entre ojos entornados.<br /> La calle, con la blancura eterna de la cal y la ropa tendida, seguía dejándose llenar de sombras, y ya salía la gente a la puerta a tomar el fresco.<br /><br /> Llegaron los jinetes y vieron al novillo, aún más negro, tendido y quieto, y , en su cuello, clavada arriba, una navaja.<br /> - Sí que es conoceó el viejo.<br /> Y con el aire agrio de quien descubre la propia estupidez, se alejaron del animal muerto y de la navaja que, muerta ahora también, acababa allí su camino de ir de mano en mano.<br /> <br /> Aquella noche el viejo Manué, mientras comenzaba a hacer otra, cerca su nieto, le hizo ver al niño que también él sería padre y abuelo y que, aquella navaja, nueva ahora y tan vieja como el campo, se la quedara siempre, y que le diera otra a su hijo y otra a su nieto para que cogieran higos frescos y para que pudieran convertir, ojalá no, algún día, a un toro, en la culpa estúpida de otros hombres...<br /> - ¿ Hijo, sabes lo que es un toro ?Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-1162023747283555682006-10-28T01:20:00.000-07:002006-10-28T01:22:27.290-07:00Tiempo hace que no escribo,<br /> y es curioso, era por no querer<br /> y, aún así, lo echaba de menos.<br /> Os echaba de menos, si yo decimonónico,<br /> queridos lectores.<br /> Decía que es como estar un poco<br /> mudo siendo cantor, como si perezoso<br /> siendo galgo corredor, badajo<br /> sin campana, del silencio homónimo<br /> por no dar voz a ese profundo que suena.<br /> Y sé porqué, aunque no me lo explico;<br /> porque no es razón, pero pesa,<br /> pensar que mi voz no tiene sonido.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-1161363163999711952006-10-20T09:48:00.000-07:002006-10-20T09:52:44.026-07:00AZAR Y NECESIDAD, CASUALIDAD Y DESTINO.<br /> SHEPOPAPOTEZUMA.<br /><br /> Shepopapotezuma. Ese es mi nombre, y mi vida, se me apareció de repente un día mientras trabajaba. Bueno, no fue exactamente mi vida, sino su sentido, mi destino, aunque no pueda aplicárseme un termino así. Pero comenzaré por cualquier momento de mi infancia, al que, como hacéis vosotros los humanos, podemos llamar principio.<br /> Cuando era pequeño me encantaba ir a ver trabajar a mi padre. Aunque ahora lo considero un trabajo pesado y estresante, por aquel entonces me encantaba subir a su nube de un blanquísimo color azul nube y verle realizar día a día su labor. El me recibía con un beso en la frente y una palmaditas en el hombro y seguía borrando, escribiendo, soplando y amasando. Cada vez que yo le decía que quería ayudarle, suspiraba sonriendo y me decía que hiciera cualquier pequeña tarea sin importancia que me hacía sentir enormenmente ufano y orgulloso. Yo pensaba para mí que ojalá tuviera alguien con quien consentir (con-sentir) aquello, pero, casualmente, mi destino era estar solo. Esto, el estar solo, me provocaba con frecuencia arranques: arranques de mal humor, de coraje, de cariño, de amor universal, de tos... éstos eran los más molestos por insistentes y empecinados, pero, al menos, me servían para que mi padre y único amigo, compañero etc, dejase un poco su trabajo y se viniera hacia mí con cara de interés. Yo le miraba rojo, inflamado y con cara de globo diciendo orj ofoj y con los ojos amorosos parecidos a dos catástrofes. Y le agradecía aquello en el alma. Me gustaría contaros todo lo demás que yo hacía allí en mi vida primigenia y daros detalles y anécdotas, pero no puedo, y no porque no tenga tiempo o interés, es que no tengo nada que contar sobre mí mismo allí. Todo lo que podría deciros son historias de otros, porque mi siendo (eso a lo que vosotros llamáis tiempo) solía pasarlo mirando las vidas de vosotros los normales. Dediqué a ello tanta energía que me convertí en un auténtico especialista y tomé una decisión que a mí me pareció insignificante pero que mi padre recibió con gravedad imprevista.<br /> - ¿Sabes la tremenda posible trascendencia de lo que me estás pidiendo Shepopapotezumaito? - odiaba que me llamase con ese diminutivo, por decirlo de algún modo-.<br /> - Ppnn ues no, ¿y? - la contesté yo adoptando todo el aire de inteligencia que fui capaz.<br /> - Nuestras intromisiones en la vida de nuestros creados, hijo, son hechos de enorme importancia que pueden trastocarlo todo si no llegan en el momento oportuno. Sólo en casos de algún fallo en la producción he solido crear a un especialista para enviarlo a arreglar las cosas. No eres necesario ahora allá abajo, además ¿no estás a gusto aquí conmigo?<br /> - Hombre sí padre, pero yo no dejaría de estar en ti y tú en mí siendo nosotros uno y todo eso que me has enseñado y que no acabo yo de... bueno, es para distraerme un poco, cuando tú quieras me llamas y ya está ¿vale? ¿sí?<br /> MI padre me miró fijamente un rato y dijo un "está bien" con esa cara que he visto poner a muchos hombres cuando su pareja les dice "prométemequevasahacerloqueyoteviadecí. Promételo" y les besan. Pero bueno, iba a cambiar mi existencia y aquello me parecía interesante, aunque me extrañó no alegrarme enormemente al conseguir lo que quería, pero es que uno es así de rarito. Hice la figurita de cera que me encargó mi padre, le escribí mi nombre, le di un beso a mi viejo, le eché mi aliento divino a mi figurita y así nací... en mi viaje desde el cielo hasta el útero de humana oí vagamente gritar a mi padre que se me había olvidado algo... cualquier tontería, al fin y al cabo, uno es dios también y supongo que mis fallos no pueden ser importantes. Me oí llorar por primera vez en mi vida y al poco estaba chupando una morenísima teta amazónica y me sentía estupendamente. Pude comprobar que estaba en un poblado de una tribu prehistórica de esas que aún viven igual que al principio en pleno siglo... finales del 20. No había previsto aparecer ahí, pues conozco a toda la humanidad y sé que no son los más divertidos, pero bueno, no estaba tan mal para empezar, y ya tendría tiempo de ir a grandes aventuras. Me sonó extraño eso de no estaba previsto y recordando recordando casi visualicé los gritos que me estaba dando mi padre cuando me fui. Había sido imbécil, y descubrí que yo también era, extrañamente, susceptible de equivocarme. Se me había olvidado escribirme mi historia en la espalda de cera como hace mi padre con cada una de sus criaturas. Aquello me pareció terrible en un principio: mi espalda estaba en blanco. No cumplí aquello de "al principio fue el verbo" que me enseñó un hermano de mi padre, aunque tampoco tenía por qué ser tan grave. De todas formas lo hubiera tenido que escribir yo mismo antes de vivir, y supuse que igual daría escribirlo después de vivir contando lo que ya había sido. No tenía por qué haber diferencia alguna. ¿No?<br /> El brujo de la tribu me alzó en alto. Yo protesté con un berrido, pues sin darse el hombre cuenta, que no digo yo que fuera un delicuente, me había cogido un pellizco en la parte interna del muslo donde comienza una zona sacra que tenía el impulso de proteger como a mí mismo. Yo sabía que era así para todos, pero me llamó la atención comprobarlo por mí mismo. Protesté de nuevo y todos rieron y aplaudieron. ¿Acaso comenzaban ya algunos problemas de comunicación? Mentalmente le transmití mi nombre.<br /> - Este niño se llamará... Pepotrapometec.<br /> O sea, que mi mensaje no le había llegado telepáticamente diáfano. Probablemente el doloroso pellizco mermó mis facultades. Al menos me bajó y me entregó de nuevo a mi madre. El universo salió del caos.<br /> A partir de ahí, eso que vosotros conocéis como infancia, corrió para mí de la forma más normal. Estaba todo el día moqueando y sentado en suelo con el culo al aire chupándome los dedos, exactamente igual que mis colegas. Cuando fui ya lo suficientemente grandecito, le dije un día a mis padres:<br /> - Padre. Madre. Bienamados sois para mí y tendréis un día en el cielo el agradecimiento eterno de mi padre. Ahora he de dejaros e irme con mis ahora congéneres para experimentar plenamente una vida.<br /> - ¡Toc toc puet ettamoalc, Ainc font latemuelt conac...! - me contestaron ellos con desprecio y enfado, acabando por decirme algo como "y vete con tus..." cosa que jamás logré entender.<br /> A pesar de aquel ambiente poco positivo, conseguí llegar, tras una amplia travesía de toda la selva en la que admiré las obras de mi padre, a la ciudad, donde seguro que podría dedicarme a disfrutar un poco de la existencia.<br /> Como si me hubiesen reconocido, todas las gentes de las calles por las que iba pasando, me señalaban y miraban abiertamente, y yo les sonreía con afabilidad como criaturas mías que eran y ellos reían felices y seguían su camino moviendo la cabeza de un lado a otro. Mi cuerpo humano me envió en un momento dado una señal de que quería comer, con lo que entré en un lugar donde muchas personas comían y bebían y pedí lo que mejor me pareció. Sentí algo de frío, pues había en el local aire acondicionado y sentí también que las cachas se me pegaban sudorosas al asiento de plástico, pero no se estaba del todo mal, aunque hubiera preferido que dejaran de mirarme y de sonreír para comer tranquilo. Al traerme el postre me entregaron la cuenta, cayendo yo en ella y comprobando mi carencia de esa prueba suprema que mi progenitor envió a los hombres y que se llama dinero. Ir desnudo era conveniente o no según se mirara, pero ir sin dinero era absolutamente desaconsejable incluso para un dios como yo. Recé a mi padre y me agaché para recoger la cartera perdida que él puso allí por casualidad y lamenté una vez más mi olvido de ponerme un destino maravilloso y ordenado cuando me creé. Tendría que labrarme mi propia vida y eso comenzaba a parecerme, cuando menos, enojoso.<br /> En fin, dejé el dinero en la mesa y me dispuse a irme cuando se sentó a mi lado un señor con traje fino, fresco y elegante y, enfrente, dos jóvenes, también con gafas y pelo corto.<br /> El señor se dirigió a mí con aquella lengua de mi tribu en la tierra que sonaba como golpes en un baobab (o cualquier otro tronco gordo, la verdad) diciéndome que estaba muy sorprendido de haber visto a un yanomami como yo ir a la ciudad. Y me dio la bienvenida en nombre de Shepopapotepapá. El pobre ignorante.<br /> Yo le contesté en cristiano, cosa que le sorprendió aún más, para preguntarle que qué deseaba, a lo que él me contestó que simplemente deseaba, sin me parecía bien, poder tomarme como objeto de estudio, ya que yo representaba un fenómeno originalísimo y fascinante de autoinclusión voluntaria de la naturaleza virgen en la moderna sociedad industrial de consumo. Ya me había parecido ignorante, pero ahora estuve a punto de tacharlo de infeliz, menos mal que pensé a tiempo que la criatura no tenía por qué saber que yo era su superior y que había dicho no otra cosa sino una sarta de gilipoyeces. Le sonreí aceptando, pues para eso estoy, para aceptar lo que los corazones humanos piden de buena fe (siempre que sea conveniente a sus destinos de salvación escritos por mi padre) y le dije mi nombre y le di la mano. Él dijo que yo debía ser príncipe en la tribu para llamarme así y se presentó. Era un afamado catedrático de antropología y los dos cretinillos felices que tenía delante, dos destacados alumnos. Me digné a darles la mano, aunque me la estrecharon como si le dieran una moneda a un niño.<br /> Decidí que quizá era aquella la primera señal de mi destino posterior. Ya dije que mi sino sería contrario al de todos los humanos: estaba en blanco y yo lo rellenaría. Pero esto sólo lo sentí yo, pues bien sé que todos vosotros tenéis al misma sensación, aunque estéis equivocados.<br /> De camino hacia un hotel le comuniqué a mi nuevo amigo que, puesto que había venido a este mundo a experimentar sensaciones humanas que de por mí no podía disfrutar, para lo que era necesario mi absoluta imbución en sus normas y estéticas, deseaba comprarme ropas adecuadas y ajustar mi imagen a las modas con las que aquellos humanos se mensajeaban unos a otros. Él lo recibió con desencanto, pues, me explicó, con los atributos, colores y desnudeces de mi tribu, era más auténtico. Tuve que espetarle que no fuera pacato o tonto, que yo era yo en bolas o vestido y que me ayudase a sentirme cómodo<br /> Aquello fue una de las primeras sensaciones humanas que experimenté conscientemente: la incomodidad. Cuando llegué a la ciudad me suaba uir huevloc aquello de la vestimenta, pues yo era una mente superior y sabía que todos somos iguales vistamos como vistamos y lo exterior es pura convención. Intelectualmente no se me quitó esa convicción pero deseé pasarla por alto y adaptarme por pura inercia. Qué extraño, pero no era nada malo, así que me compré un buen vestuario, moderno y elegante (mi padre me había enviado una cartera generosísima). Frente al espejo recibí una impresión contradictoria pues estaba conforme pero algo azorado, me reconocía a la última pero la boca me sabía a algo amargo e indefinible cuando me giraba y me veía mangas, zapatos y corbatas. En fin, mejor no prestarle mucha atención a todas esas nimiedades.<br /> En el hotel me sentí tratado como realmente debía serlo y recobré la seguridad en mí mismo. El lenguaje humano había creado dos formas distintas para expresar ideas contrarias: lo malo, incomodidad; lo bueno, seguridad en uno mismo. Parece ser que me adentraba en los vericuetos de los sentimientos.<br /> El profesor se despidió de mí y me eché en la cama mirando al techo. Me recogería a la mañana siguiente para que diese una conferencia en su facultad. Intentaría serles útil a los hombres, me propuse.<br /> Me picaba un poco un huevete y me lo rasqué repetidamente. Se me quitó al poco, pero fue sustituido por una dureza en el órgano más largo de aquella zona. No sé si tendrá algo que ver o no, pero, simultáneamente, me sentí solo. Para quitar la inflamación sabía lo que debía hacer aunque podía también resistirme ya que soy un dios, pero como nada hay de malo en ello y divierte,,, pero no se me fue la soledad. Menos mal, pues así podía adentrarme en otro estado anímico más. Recé de nuevo, pero ahora vi que me encontré con un problema, no sabía qué pedirle a mi padre y tuve ganas de llorar. ¿Seré imbécil? Yo llorando ¿Para qué? ¿Por qué? Bueno, tampoco es malo llorar y lloré hasta hartarme. Terminé mi rezo diciendo aquello que está escrito de "hágase en mí según tu palabra" que a mi padre tanto le gustó hace ya 2000 años. Lo que pasa es que en aquella mujer (y en cualquier humano) aquello era de una grandeza y aceptación encomiables, pero en mí era una perogruyada, pues no me había escrito nada y decir aquello era aceptar también para mí el también famoso "no soy digno de que entres en mi casa (corazón, alma...) pero una palabra tuya bastará para salvarme". Me sentí mejor. En todo caso mi buen padre estaba arriba y aunque mi vida estuviese sin hacer, no me iba a abandonar al desorden. Sonreí al recordar la depre transitoria por la que había pasado y me dormí tranquilo y con más aprendizaje en la cabeza, aunque sin lograr entender aún por qué, a pesar de aquellas certezas incuestionables me pesaba el pecho y la garganta un poco más de lo normal.<br /><br /> El aula magna estaba repleta. Me desperté sereno y relajado esa mañana, y me sentía bien delante de todas aquellas personas ávidas por aprender. El traje me quedaba francamente bien.<br /> Me habían dejado el lugar de honor. A mi izquierda estaba el catedrático famoso y a mi derecha el rector de la universidad. Debía ser muy importante mi amigo. Se sentaban también otros decanos y demás hombres importantes.<br /> El profesor me presentó con halagos hacia mi persona y mentalidad y dijo que yo era un excelentísimo ejemplo de autoanálisis y libre albedrío. Que todos tenían mucho que aprender de mí.<br /> Guardé silencio un rato antes de comenzar. Les hablaría de cómo son creados los hombres y de la existencia de su destino. De cómo las oraciones son oídas siempre aunque no lo parezca y de cómo los hombres creen que existe el bien y el mal, lo bueno y lo malo... La incomodidad y la tristeza y el estar seguro de sí mismo o en paz de forma equivocada pues lo que ello interpretan como mala suerte o destinos adversos no son sino lecciones e instantes necesarios para el creador para transmitir así enseñanzas superiores y alimentos espirituales... La relación existente entre lo que llamamos lo jodido, un marrón, una lástima o incluso una tragedia y su valor real es tan ficticia e incierta como la existente entre un picor de escroto y la soledad. Y yo, Shepopapotezuma, os lo aseguro, pues es palabra de dios.<br /> El silencio que siguió al mío comenzó a pesar y no fui capaz de interpretar nada. El público tenía cara de ofendido casi y parecía que quería escupirme por decirles aquello, que en realidad sus destinos son caminos de paz y bondad y que el dolor es sólo la duda que les acecha cuando lo ponen en tela de juicio.<br /> El profesor habló para encomiar las posibilidades de debate que aquel cuento popular de mi tribu abría y para alabar mi capacidad dramática que los había embelesado y que cubría, por timidez, mi enorme capacidad crítica que me había hecho ir de la prehistoria a la civilización. Todos suspiraron con alivio y comenzaron a batir y debatir con el profesor. Quise protestar pero ya nadie me atendía, aunque sí me sonreían de vez en cuando para que yo asintiese con seriedad, lo que parecía encantarles.<br /> Lo único que pretendía era ayudarles un poco y darles ánimos aunque, pensé, quizá no lo necesitaran y yo hubiese estado presuntuoso. El sentimiento que experimenté aquella vez fue de inferioridad. No endógena, pero sí exógena, es decir, yo era un dios, eso era un hecho, pero a los demás les importaba un, un... vale así. Me apliqué mis teorías y salí adelante y deduje que había aprendido que a un humano aquello pudiera parecerle un triste destino, aunque fuera por falta de fe.<br /> Pero las casualidades y los destinos son volubles y tras la conferencia me ofrecieron un buen sueldo por seguir dando charlas vestido con un traje. Acepté, pues muy bien podía ser aquello parte de ese destino inexistente pero que, a lo mejor, mi padre estaba pronunciando.<br /> Comencé así una vida tranquila y respetada por respetable aunque (bueno, aunque no, gracias) gracias a la cual (no sé si por casualidad aunque probablemente sería para cumplir mi destino) experimenté otro de los sentimientos más dominantes y con peligros de frustrante que acechan al vulgo: el aburrimiento. Creo que poco hay que explicar de él, pero en mi denodado esfuerzo por salir airoso de los trances humanos, descubrí la función de bondad de semejante catástrofe anímica: gracias a él se produce un proceso casi siempre fructífero. A saber: mal humor, depre, lucha y crisis, actividad, y cambio. Estas fases se cruzan y entremezclan entre sí y también con soledad, incomodidad, picores púbicos impúdicos, euforias ridículas... pero acaba imponiéndose, al menos en mi caso, que para eso soy un dios, la razón, y con ella la paz de espíritu. Mi salida me la envió mi padre en forma de mujer e hijos y fama, pues en mi crisis había escrito mis conferencias, que se vendían muy bien.<br /> Conocí así la felicidad humana, a la que algunos llaman plenitud, lo que es muy acertado, y disfruté a fondo del coñazo que me daban mis hijos y mi mujer, que eran mi vida entera, gracias a dios. Me hice viejo y comencé a introducir el tema de la muerte en mis escritos, y fueron muchos los que me enviaron agradecimientos por revelarles un futuro tan halagador y también hubo quien me escribió cosas como "hijo de puta embustero" y otras de esa elegancia, pero era sólo porque se negaban a sonreirle a sus destinos. Los pobres.<br /> Antes de expirar, después de ochenta años en la tierra, intenté, sonriendo, animar a mis familiares y amigos explicándoles que todo aquello era bueno y necesario y que no tenían por qué llorar. Pero sólo son humanos, pensé, y dejé que se desahogaran.<br /><br /> Mi padre me recibió con los brazos abiertos.<br /> - Te has hecho todo un hombre -me dijo-<br /> - Pps ues sí -siempre me costaba hablarle con claridad-<br /> - Qué, ¿cómo te ha ido?<br /> - ¿Que cómo me ha ido? ¿Nno lo no lo sabes? ¿No me escribist te ni pronnunciast te nada para mí?<br /> - No, claro, lo podrías haber hecho tú mismo ¿acaso no es igual?<br /> - Claro que no -cogí carrerilla- claro que no -repetí asombrado de mi locuacidad- ¿No te das cuenta de que entonces he vivido por casualidad? Yo creía que te estabas ocupando del asunto tú mismo.<br /> - Shepopapotezumaito. Shepo -así me gustaba más- ¿No te das cuenta de que no ha tenido mayor importancia?<br /> Era cierto, pensé, pero me dio mucho coraje.<br /><br /> SHEPOPAPOTEZUMA.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-1160761100552358942006-10-13T10:35:00.000-07:002006-10-13T10:38:20.560-07:00Mi máximo mundo, mi destino,<br />mi futuro es, ahora lo sé,<br />llamarme como me llamo.<br /> <br /> Por encima de mi mano,<br />sobre mis nombres, sobre mí mismo,<br />sobre quienes como yo se llamaron<br />y, con todo a la vista, mínimo<br />y debajo, sé cómo se vestirá<br />mi mañana: como yo me llamo.<br /> <br /> En miles de ojos y letras,<br />en palabras que amo, a través<br />de como me llaman,<br />como tú me llamas<br />y como a Dios no llamo,<br />voy buscando mi nombre, que<br />sé viejo y que espero blanco.<br /> <br /> Entre cielo y tierra, lloviéndome,<br />voy queriendo confundirme con la<br />voz de mi amo y voy,<br />ese nombre que es mi grito, sin querer,<br />pronunciando.Rafa Alé J.http://www.blogger.com/profile/12827241815243259824noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-35898188.post-1160643583826110292006-10-12T01:54:00.000-07:002006-10-12T01:59:43.833-07:00<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1441/4003/1600/Jorge_mediana.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1441/4003/320/Jorge_mediana.jpg" border="0" /></a><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1441/4003/1600/58[1].jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1441/4003/320/58%5B1%5D.jpg" border="0" /></a><br /> Ese es el libro de <strong><em>Jorge y las páginas en blanco. </em></strong>Y el de las gafas soy yo, el ínclito autor.<br /> Bienvenida y bienvenido seas a este blog indigente y lleno de páginas para ser escritas. Un beso. Un abrazo.