Tuesday, November 10, 2009

Martes 10 de noviembre. Protagonistas Sevilla. Punto Radio.

A dentelladas secas y calientes. Me dan ganas de rebelarme, de pregonar revoluciones o golpes de Estado, de tirarme a la calle como un loco para llorar gritando contra la ley y el orden.

Nadie está por encima de la ley. Y usan esa frase hueca para dinamitar la ley de los corazones. No lo entiendo. No entiendo que la defensa de algo que emana del pueblo y se administra en nombre del Rey pueda acabar provocando que un niño lleve sobre sus hombros el peso del mundo.

¿Se pueden imaginar qué siente ese niño? ¿Nadie ha pensado lo que supone para cualquier persona pensar que toda su vida es la causa de su perdición? Pobre mío. Ha asegurado que no comerá tarta el día de su cumpleaños. Es capaz de hacer el mayor de los sacrificios para seguir con sus padres. Unos padres hundidos y desesperados. Imputados por un delito por hacer lo contrario a lo que se les imputa. La fiscalía les acusa de sustracción de un menor, cuando es la administración la que pretende sustraerlo. Ellos no están haciendo nada malo. Están siguiendo la ley natural del amor. Están protegiendo a su hijo, porque el lugar más protegido para un niño está junto al amor de sus padres.

Este no es un caso de maltrato ni de crueldad. En el peor de los supuestos es un caso de impotencia o de falta de recursos culturales. Por Dios. Toda España debería estar en las calles como han estado en las calles los que rezan por el Alakrana.

Pobre mío. Nadie ha pensado en las buenas maneras, en las palabras de aliento, en educar a los integrantes de un hogar sin destrozar ese hogar. El rodillo de las decisiones administrativas se ha puesto en marcha y está machacando el alma de la gente del pueblo.

Emana del pueblo y se administra en nombre del Rey. Si yo fuera el Rey, yo mismo, en nombre de mi pueblo, invitaría a esa familia a pasar un tiempo en mi casa, todos juntos, y hacer un simple cursillo de nutrición y psicología infantil. Y si yo fuera el Rey saldría gritando a la calle, a dentelladas secas y calientes, con el uniforme de humano puesto, para ordenar que jamás se aplique una ley dejando el corazón de lado. Y ayudaría a ese niño a llevar el peso del mundo.

Thursday, November 05, 2009

Seguid hambrientos. Seguid alocados. Steve Jobs. Tomado de la red. Agradecido al traductor.

Texto de la conferencia que dio Steve Jobs, Director Ejecutivo de Apple Computer y Pixar Animation Studios, el 12 de Junio de 2005 en la Ceremonia de Graduación —Commencement— de Stanford. Podéis leer aquí el original en inglés. E incluso escucharlo en versión original aquí. Una cosa más, hay un vídeo de los últimos 2 minutos y medio de la intervención en esta dirección. ¡Gracias, Nepro!

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra graduación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.


Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores - que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.


Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.

Muchísimas gracias a todos.

Wednesday, November 04, 2009

Martes 3 de noviembre. Protagonistas Sevilla, Punto Radio. Con la voz de Carlota.

La tengo olvidada, es cierto, la tengo olvidada. Pero jamás me olvido de ella. Y le debo un homenaje. Vamos a entrar en noviembre y brilla aún limpia como una mirada limpia

Me da igual cantar en Sierpes que en la Plaza Nueva

pasear por esas callecitas tan estrechas…

La oímos hablar cada día, con rumor de río, de alcaldes y políticos, de corruptelas, atascos y obras; de sevillanos en paro, de sevillanas sin trabajo, de nombres conocidos por nuestras calles, de abuelos y abuelas que cuidan de nuestros hijos… y de nuestros destinos

Me senté en una plaza llena de colores

y aspiré el suave aroma que dejan las flores al amanecer

Pero, ahora que lo pienso, no es un olvido. Es el silencio de la presencia inmutable. Es el no hablar de la amada siempre presente, de la ciudad que te presta su suelo y su aire. Es el callar cómplice de la intimidad

Recorrer senderos por el parque de Maria Luisa

y tirar piropos que se eleven con la brisa

No tengo otra razón, pero oyendo la magia de esta voz se me hizo necesario hablarle un poco a Sevilla y dejar entre el paréntesis de este abril de otoño a los que nos gobiernan y a lo que nos desgobierna

Quiero ser un vagabundo más
tapado por estrellas que alumbren mi ciudad

Es la magia de ser los protagonistas de esta ciudad blanca y serena que jamás nos da la espalda. La magia de un azul nube que se resiste a irse como se resisten los sevillanos a bajar la vista y arrodillarse a la tristeza. Era sólo eso

Compartir en la noche un momento

compartir en silencio el deseo de vivir

Tuesday, October 27, 2009

Punto Radio. Protagonistas Sevilla. 27.octubre.2009

  No sé si me creerán, pero les aseguro que estaba acabando mi columna de esta semana sobre Sevilla, cuando oí el argumento con el que se descalificó a Rajoy tras el debate de presupuestos y supe que tenía que dedicarme a ello. Machista. Lo que dijo no tuvo validez por machista. Si socialista es el que favorece lo social, machista será el que favorece lo macho, digo yo. Y como vivimos en un país demediado, donde todo es conmigo o contra mí, pues favorecer lo macho es, por lo visto, perjudicar a la fémina. No entiendo nada. Hasta donde yo vi, las descalificaciones se basaban en conceptos económicos y políticos, jamás en conceptos sexistas. Pero hemos creado un nuevo satanismo. En las distintas épocas de la historia lo peor que se le podía decir a alguien ha ido cambiando. En Grecia se mandó morir a Sócrates, en Roma lo peor era ser traidor; en la Edad Media, bruja; con Franco, rojo, ateo o judeomasón… hoy día, machista es lo peor, y basta pronunciarlo para abatir a alguien. Así que para decir lo siguiente, me preparo a recibir la más infame de las sentencias, porque yo sí quiero ser machista por un momento, aunque no entienda bien qué sea ser machista tras lo de Rajoy.

  Y es que me muero si no digo que con toda esta discusión sobre el aborto, las píldoras y los consentimientos echo de menos dos cosas:

- Una: que al feto se le aplique el principio de la duda razonable y, así, no se condene a muerte a algo que ha sido reconocido ministerialmente como ser vivo. Deberían estar al quite los ecologistas.

- Dos: La palabra padre. Jamás la oigo. La fémina, es quien sufre el embarazo y el parto, pero el padre, yo al menos, quiero a mi hijo por encima de mi propia existencia. No sé qué haría si se me negara el derecho a defenderlo por encima de todo, sólo por no ser mujer. Pero claro, en la nueva religión de Estado, los machistas ni sabemos de economía ni formamos parte de la vida.

Tuesday, October 20, 2009

Martes 20-10-2009 Punto Radio, Protagonistas Sevilla

Esto no es propiamente hablar de Sevilla, pero puedo asegurarles que ocurrió ayer en el mismito centro de Sevilla. Verán:

Entré en una clase de tercero de la eso y me encontré con que habían clavado en el corcho una foto de nuestro presidente Rodríguez con el presidente Obama sentados en el despacho oval. Me pareció bien hasta que me di cuenta de que habían escrito encima del nuestro algo como “fijaos en la postura de ese maricón sin escrúpulos”. Pregunté y la autora del grafiti levantó la mano de inmediato. La usé para darles un discurso de doble vertiente:

Por un lado se trataba de corregir la expresión de un prejuicio tan antiguo como extendido que considera un insulto la designación de una orientación sexual legalmente reconocida al fin. Suelo contarles que a mi hijo de 7 años, cuando le explicamos algo del matrimonio nuestro, le decimos que cuando tenga novia o novio lo entenderá. Y que lo hacemos porque no tenemos la más mínima intención de haberlo traído a este mundo para destrozarle la vida por la simple razón de que, cuando el amor le pase por encima, la persona amada tenga nombre de hombre.

Por otro, y aunque no lo crean, tuve que hacer un esfuerzo ímprobo para transmitirles la idea de que el señor Rodríguez es el presidente electo de todos los españoles y que, siendo de su color político o no, no conseguiremos una España moderna hasta que no tengamos un sentimiento democrático y unitario de la dignidad de quienes nos representan. Hasta que no seamos conscientes de que tenemos que superar, de una vez ,esta guerra, fría como un plato de sopa, que continúa reptando entre nuestros pies.

Creo que aceptaron bien lo del insulto, pero me dio la impresión de que oyendo lo segundo, se reían de mí como de un pobre iluso.

Tuesday, October 13, 2009

Protagonistas Sevilla. Martes 13/10/2009

Hoy les tengo que pedir perdón por hablarles de Sevilla. Les puedo asegurar que no es esto lo que me apetece contarles, pero la verdad existe independientemente de nuestros deseos, ¿o no? Verán:

Desde no hace mucho tiempo, milito en un partido político al que me apunté con la intención de alejar de mí esa sensación de no hacer nada para arreglar esta política empantanada y absurda que nos asfixia.

Como siempre que se comienza algo, iba lleno de ilusiones y de fuerza. Es normal. Pero hoy estoy a punto de dejarlo. Estoy cansado. Muy cansado. Cansado hasta el hastío.

En Sevilla, el partido en cuestión ha expedientado de expulsión a una serie de militantes que, a mi juicio, han sido tratados con desconsideración e injusticia. Y han sido expedientados por unas acciones que los promotores de los expedientes realizan con naturalidad. Simplemente han sido los perdedores de una guerra cainita. Una más.

Bueno, pues ese partido ha celebrado la semana pasada elecciones a delegados para su primer congreso en Madrid. Una serie de ciudadanos han votado y otra serie de ciudadanos han sido elegidos. ¿Fácil verdad? Pues no. No es tan fácil. Los que no son expedientados se consideran perdedores ante los resultados obtenidos, porque los que simpatizan con los expedientados han obtenidos más votos, así que están pensando en impugnar las votaciones y supongo que no cejarán hasta que los resultados no sean de su agrado.

Y ustedes pensarán que qué puñetas les importa esto ¿verdad? Y con toda la razón. Pero quería contárselo a Sevilla para que Sevilla sepa que en las catacumbas que rezuman aguas del Guadalquivir se sigue luchando por la libertad de pensamiento, de asociación y de expresión. Para que Sevilla sepa que se siguen librando batallas subterráneas que luego saldrán a la arena política para cambiar el mundo o para seguir dejándolo como estaba. Quería contárselo a ustedes, para que si se cruzan por la calle con alguien que tenga ganas de trabajar por Sevilla puedan aconsejarle, si saben el truco, cómo meterse en política sin tener que ser ya, nunca más, ni víctima ni verdugo.

Tuesday, October 06, 2009

Protagonistas Sevilla Martes 06-10-2009

Ya saben que se lo puedo asegurar. Me había puesto mi sombrero, había cogido mi pipa, y estaba en la cafetería de mi amigo Oscar, sentado en medio de una preciosa tarde, preparando un artículo sobre los efectos olímpicos de la denegación a la villa de Madrid y sus repercusiones sevillanas. Pero Oscar comenzó a charlar conmigo y consiguió preocuparme, verán:

¿Se acuerdan de cuando tuvimos que estudiar la revolución francesa en el colegio? ¿Se acuerdan de esas imágenes de franceses y francesas alocados por las calles, tomando la Bastilla, vociferando y guillotinando gente en nombre de la liberté, la igualité y la fraternité? Pues Oscar, que es un verdadero dandy pijo y elegante, me recordó con su actitud a uno de aquellos descamisados que corrieron por las calles de París. Estaba enfadado, muy enfadado con la situación económica que nuestros gobiernos le están haciendo atravesar. Nuestros gobiernos, sí, porque, no lo olvidemos, cada españolito que viene al mundo está bajo tres administraciones que devoran y gestionan fondos públicos. La nacional, la autonómica y la local, cada una con todos sus sueldos y gastos. Oscar pregonaba una especie de revolución de los autónomos, que se han convertido en el tercer estado de nuestro país. Proponía que todos los autónomos dejaran de pagar impuestos hasta que no tuvieran los mismos derechos que el resto de los trabajadores que aún quedan. Es más, él sugería que hasta que no tuvieran los mismos derechos que los funcionarios.

En nuestra coyuntura moderna, la revolución, que es palabra muy cubana, parece quedar lejos de la realidad, pero ¿qué ocurriría? Es de suponer que sus manifestaciones serían disueltas por las fuerzas de orden público y que sus situaciones tributarias pasarían a impagos y apremios sin la mayor consideración histórica. ¿Se imaginan a todos los autónomos tomando la Torre del Oro y pidiendo un nuevo Estado? ¿Se imaginan a todos los parados por las calles gritando y guillotinando a los dirigentes con sus votos?

Yo, demócrata acérrimo, ya lo saben, le decía que la revolución no es necesaria porque la democracia es una revolución. Porque cada ciudadano tiene un arma llena de futuro que se llama voto. E intentaba darle ánimos. Pero él miraba sus facturas, pensaba en el IVA que viene, negaba con la cabeza baja y una sonrisa oscura… y no mostraba ningún signo de esperanza.

Sunday, October 04, 2009

Martes 29-09-2009

Esta vez no tengo que apelar a su buena fe. Al menos en parte, vamos a hablar de Sevilla. Es cierto que de Sevilla y provincia, pero tienen que reconocerme que es un esfuerzo de concreción por mi parte.

¿Vieron ustedes las fotos de nuestro vacío parlamento nacional la semana pasada? ¿Qué de cosas se sienten verdad? Por aquí abajo andamos o hartos de trabajar o buscando trabajo y ellos cobran entre 3.000 y 15.000 € sin asistir a sus puestos de trabajo… indignación, envidia… y comprensión. Vale, vale, ya sé que no es lo mismo que justificación, pero yo, lo entiendo, de verdad que lo entiendo.

Nos ponemos en su lugar: Tras años de reuniones y entrega al partido, consiguen que los pongan en una lista y se llenan de orgullo (porque es un orgullo representar a los conciudadanos, ojo) llegan a Madrid, o al parlamento autonómico de turno, en plenitud de ilusión y energía y muchos y muchas, supongo también, con la alegría de ganar mucho más de lo que ganaban, lo que no es ilícito. ¿Pero qué se encuentran una vez allí? Pues la más completa anulación de su individualidad. Pasan a ser sólo un dedo que aprieta el botón que toca apretar.

¿Saben ustedes que jamás ninguna de los millones de palabras vertidas en las tribunas sirvió para que un diputado cambiase de botón aunque cambiase de opinión? ¿Saben que jamás coinciden los votos de los diputados de la misma provincia porque lo que se vote interese o no a esa provincia, Sevilla en nuestro caso? Descubren que sus mentes y sus voluntades son inútiles allí. Hacen un esfuerzo de coherencia y desaparecen como individuos e individuas. Se ha dado el caso de que siendo católicos han tenido que votar sí a los matrimonios gays y que siendo gays han tenido que votar no. Tal como está la cosa, prescindir de ellos sería un verdadero ahorro. Cobraría solamente un diputado por partido y su dedo valdría x botones.

Podemos gritar pidiendo un nuevo sistema electoral y parlamentario, pero mientras, nos pasaría a cualquiera de nosotros, si nos pagasen entre 3.000 y 15.000 € por mover un dedo, ¿alguien movería algo más?

Martes 22-09-2009

Les aseguro que había comenzado a escribir sobre Sevilla, pero cuando lo hacía he escuchado algo que no he podido dejar pasar. Verán:

Por lo visto, la Junta de Andalucía ha detectado la necesidad de potenciar la carrera de medicina, pues no hay alumnos suficientes el futuro. Cuando lo oí me quedé extrañado.

¿De verdad que no saben por qué ha decaído? Deberían analizar por qué se ha despotenciado y, a lo mejor, se fijan en que un joven ser humano, acabada la selectividad, si tiene éxito, entra en una carrera que le ocupará entre seis años y una década; luego tendrá que poner otros cuantos años a la disposición de ese invento de control administrativo que se llama MIR, tras ello, y si sobrevive, trabajará tres años a destajo por una miseria, y, cuando acabe, ya en plena vida adulta, tendrá que comenzar a opositar o a buscar trabajo. Un trabajo que, las más de las veces consiste en enormes columnas de papeleo o en ver a no sé cuántos pacientes por minuto. Sin olvidar que, si no saca el MIR, prácticamente puede tirar la carrera a la basura.

¿De verdad que no son capaces de ver por qué se ha despotenciado? ¿No son capaces de ver que si son ellos los que manejan las vidas de la gente la gente pierde capacidad de iniciativa y de ilusión? Sí, ilusión, sé que es una palabra poco usada en política, pero o la salvamos de su patera o se morirá a la deriva. Me entristece mucho ver que nuestras administraciones ocupan cada resquicio de la vida. Para que una persona decida hacer el enorme esfuerzo de estudiar una carrera, y más la de medicina, tiene que poder emocionarse a los 18 años imaginando el maravilloso futuro que le espera. Si no se puede ver lleno de prestigio y de posición social y ganando dinero con brillantez, la sonrisa se le morirá en los labios y no se matriculará. Nuestros jóvenes están muy lejos de ser estúpidos.

Iba a hablar de Sevilla, pero ¿a que este es un tema importante? Ya saben, si les hacen una encuesta en la calle sobre el tema la clave es, como siempre, aire. Aire y libertad para los sueños.

Martes 15-09-2009

Les puedo asegurar que iba a hablar de un tema de Sevilla, pero hay algo que me preocupa. Verán:

Tengo una sobrina de doce años cuyos padres se han separado. Sé que la posibilidad de huir de un matrimonio infeliz es un gran avance de las sociedades modernas, pero como profesor me he preguntado a menudo por qué los niños y niñas cuyos padres se separan se suelen convertir en personas tristes e irritables, cuando, pensándolo bien, se supone que la situación emocional de la familia debería mejorar. Sus padres y madres han ejercido un derecho, además de que, estoy seguro, han decidido lo que creen sinceramente mejor para todos.

Aparte del cambio en la salud emocional de la pareja, sí es cierto que el proceso se convierte en una odisea judicial, burocrática y de horarios personales, sin contar que, en la mayoría de los casos, los recursos económicos de cada miembro de la familia se reducen a mucho menos de la mitad. Pero todo es por el bien de todos, no podemos olvidar eso.

Les puedo asegurar que iba a hablar de un tema de Sevilla, pero es que me preocupa esa cicatriz que se les queda en la mirada a quienes se ven abocados a dejar de decir mis padres para hablar de papá o mamá por separado y se convierten en intermediarios y en ataduras de una relación que deja de convivir pero que es inmortal. Me preocupan el llanto y el enfado que por todo y por nada se les viene al carácter para dar rienda suelta a la soledad. Me preocupa ese sentimiento que les hace pensar que su padre o su madre, o los dos, no los quieren lo suficiente para quererse entre ellos.

Las separaciones son un avance y un derecho, nadie está libre de que le ocurra y además nadie puede juzgar la vida de nadie, pero sería bello que ese contrato con cláusula de rescisión que es el matrimonio se convirtiera en un milagro eterno cuando se ejercen la maternidad y la paternidad.

Les ruego que perdonen este desatino. Les aseguro que la próxima vez hablaremos de Sevilla. Ah, y si creen en ello, y lo tienen a bien, recen por mi sobrina.

Martes 08-09-2009

Inaugurar la libertad.

La banderita republicana que ostentó Don Cayo Lara frente a su Majestad pudo parecer ofensiva, pero creo que fue un gran día para todos, porque fue un día de verdadera libertad. Su Majestad nos dio una lección, incluyendo a los legisladores, sobre el significado de la palabra democracia y sobre el significado de vivir en libertad. De hecho, el coordinador general de nuestra izquierda más fiel, fue a hablarle a su Jefe de Estado de cómo pretende acabar con él. Y el Rey, como Don Cayo, estuvo cordial y sincero.

En una época en la que la administración es omnipresente y tan pagada de sí misma que toma el papel de los padres respecto a sus hijos, el papel de los dueños de los bares en sus propios negocios o que decide en qué lengua se debe hablar se quiera o no, el jefe del Estado y el coordinador del menor partido de la oposición han dado un ejemplo sumo de verdadero talante democrático el uno y de convicciones el otro.

Y quería aplaudirles desde aquí. Porque evidentemente, ambos deben estar seguros de tener razón pero no la imponen. Porque uno recibe en casa a quien no lo quiere en esa casa y porque el otro acude a una casa que cree ocupada por un inquilino inconveniente. Porque ambos han demostrado ser hombres de libertad y de democracia y han probado que en este país nuestro puede dejar de haber bandos actuando en desbandada.

Lució Don Cayo Lara la bandera que él lleva en el alma en una época en que los que administran quieren prohibir que se luzcan hasta los símbolos de fe. Deberíamos hacer todos un esfuerzo por votar a quienes nos ayuden a ser sinceros y cordiales. Y cordial viene de corazón, no lo olvidemos. Yo, por mi parte, como cuando inauguramos la libertad por primera vez, hace ya tiempo, voto al Rey. Ojalá se presentara para presidente de la República.

Tuesday, March 03, 2009

Discurso de Barak Obama sobre el racismo traducido al español.

“Nosotros, el pueblo, para construir una nación más perfecta”

Hace doscientos veninte años, en un pórtico que aún se alza en la acera de enfrente, un grupo de hombres se organizó y con estas simples palabras, lanzó a América a un arriesgado experimento de democracia. Granjeros y catedráticos; hombres e estado y patriotas que habían viajado por un océano para escapar de la tiranía y la persecución finalmente hicieron real su declaración de independencia en una convención en Filadelfia que ocupó la primavera de 1787.

El documento que produjeron estaba firmado pero inacabado. Estaba manchado por el pecado original de esta nación: la esclavitud. Una cuestión que dividía a las colonias y que llevó a la convención a un estancamiento hasta que los fundadores eligieron permitir el tráfico de esclavos durante, al menos, veinte años más, y dejar su final resolución a las generaciones futuras.

Por supuesto, la respuesta a la cuestión de la esclavitud estaba implícita en nuestra Constitución – una Constitución que se funda en la igualdad de los ciudadanos ante la ley; una constitución que promete libertad y justicia a una unión que puede y debe ser perfeccionada a cada paso.

Pero unas palabras estampadas en un pergamino no bastarían para liberar a los esclavos de su cautiverio o darles a todos los hombres y mujeres de cualquier color o creencia la totalidad de sus derechos y deberes como ciudadanos de los EEUU. Se necesitarían americanos en generaciones sucesivas que tuvieran la voluntad de poner su grano de arena –con su grito y con su lucha, en calles y tribunales, con una guerra civil y con la desobediencia civil y siempre arriesgándolo todo- para extrechar el abismo entre el sueño de nuestros ideales y la realidad de su tiempo. Este fue uno de los grandes propósitos que nos señalamos al comienzo de esta campaña –continuar la larga marcha de aquellos que nos antecedieron. Una marcha hacia unos Estados Unidos de América más justos, más igualitarios, más bondadosos y más prósperos. Yo elegí optar a la presidencia en este momento de la historia porque estoy profundamente convencido de que no podemos alcanzar los desafíos de nuestra época a no ser que lo hagamos juntos –a menos que perfeccionemos nuestra unión comprendiendo que podemos tener diferentes historias, pero que sostenemos las mismas esperanzas; que podemos no parecernos y venir de lugares distintos, pero que todos nosotros nos movemos en la misma dirección –hacia un mejor futuro para nuestros hijos y nuestros nietos. Esta creencia viene de mi invencible confianza en la decencia y en la generosidad del pueblo americano. Y también proviene de mi propia historia americana.

Yo soy el hijo de un keniata negro y una mujer blanca de Kansas. Me crié con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivió a la Gran Depresión para servir en el ejército de Patton durante la segunda guerra mundial, y una abuela blanca que trabajó en una cadena de montaje de bombas en Fort Leavenworth mientras su marido estaba más allá de los mares. He ido a alguno de los mejores colegios de América y he vivido en una de las naciones más pobres del mundo. Estoy casado con una mujer Americana negra que lleva consigo la sangre de esclavos la sangre de los esclavistas –una herencia que pasa a nuestras dos preciosas hijas. Tengo hermanos, hermanas, sobrinas, sobrinos, tíos y primos de todas las razas y de todos los colores de piel diseminados por tres continentes y por todos los lugares posibles. Nunca podré olvidar que este país hizo posible mi historia. Una historia que no ha creado al candidato más convencional pero es una historia que ha grabado en mi código genético la idea de que esta nación es mucho más que la suma de sus partes, que lejos de ser muchos, somos realmente una sola cosa. A lo largo del primer año de esta campaña y contra todas las predicciones de los detractores, hemos visto lo muy hambriento que estaba el pueblo americano de este mensaje de unidad. A pesar de la tentación de ver mi candidatura bajo las simples lentes raciales, hemos vencido en Estados con algunas de las más señaladas mayorías blancas del país. En Carolina del Sur, donde aún ondean las banderas confederadas, hemos construido una poderosa coalición de afroamericanos y blancos. Esto no quiere decir que no se haya usado la raza en la campaña, incluso algunos comentaristas se han referido a mí como “demasiado negro” o “no suficientemente negro”. Vimos crecer la tensión racial y salir a la superficie durante la semana previa a las primarias de Carolina. La prensa ha mirado con lupa cada resultado en busca de la más mínima evidencia de polarización racial, no sólo en términos de blancos y negros, sino también de negros y mestizos. Y en las dos últimas semanas la discusión racial se ha tornado especialmente significativa.

En uno de los lados del espectro, hemos oído que de alguna forma, mi candidatura es una reafirmación de los liberales más abiertos para conseguir una fácil reconciliación racial. Por el otro lado, hemos oído a mi querido pastor el reverendo Jeremías Wright, usar un lenguaje incendiario para expresar las posturas que auguran un endurecimiento de la división racial y que ven peligrar la grandeza y la bondad de nuestra nación; que ven en la candidatura un daño tanto para blancos como para negros. Ya he condenado, en términos inequívocos, los argumentos del reverendo Wright que han causado tal controversia. Para algunos, aun quedan algunas cuestiones por resolver. Sabía yo que él era un ocasional y gran crítico de la política nacional e internacional de América? Por supuesto que sí. ¿Lo había oído hacer puntualizaciones que pudieran ser controvertidas cuando yo estaba en la iglesia? Sí. ¿Difería de él radicalmente en algunos de sus puntos de vista? Totalmente, como seguro que algunos de ustedes están en total desacuerdo con algunos de los puntos de vista de sus pastores, curas o rabinos.

Pero el tema que ha causado esta reciente tormenta no es sólo una simple controversia. No se trata sólo de un líder religioso esforzándose en hacer ver una injusticia. En vez de eso, se trata de una profunda distorsión de la visión de este país, una visión que ve el racismo blanco como algo endémico, y que antepone todo lo malo de América a todo lo bueno de América. Una visión que observa el conflicto en Oriente Medio como la consecuencia de las acciones de un aliado fiel como Israel en vez de cómo el efecto de las pervesas y llenas de odio ideologías radicales del Islam.

Como tales, los comentarios del reverendo Wright no sólo eran erróneos, sino divisores. Divisores en un momento en el que necesitamos la unidad, racistas en un momento en el que necesitamos unirnos para resolver una serie de monumentales problemas (dos guerras, la amenaza terrorista, la economía en declive, una crisis crónica en la asistencia sanitaria y un potencialmente devastador cambio climático) ;problemas que no son ni blancos ni negros, ni latinos ni asiáticos, sino problemas que nos atañen a todos. Dada mi historia, mis ideas políticas y mis valores e ideales, no hay duda de a quienes mis ataques y mis defensas les parecen insuficientes. ¿Por qué me asocié en un primer momento con el reverendo Wright?, podría preguntarse ¿Por qué no unirse a otra iglesia? Confieso que si todo lo que hubiera sabido del reverendo hubieran sido esos datos aislados de sus sermones que han repetido sin fin las televisiones, el You Tube o las caricaturas de la Trinity United Church of Christ, no hay duda de que la reacción habría sido distinta. Pero la verdad es que no es eso todo lo que sé de ese hombre. El hombre que conozco desde hace más de veinte años es un hombre que me ayudó a afianzar mi fe cristiana, un hombre que me habló sobre nuestra obligación de amarnos unos a otros, de cuidar a los enfermos y de socorrer a los necesitados. Es un hombre que sirvió a nuestro país como marine, que ha estudiado en alguna de las más afamadas universidades y seminarios del país y que por más de treinta años lideró una iglesia que sirve a la comunidad haciendo el trabajo de Dios en la tierra al construir casas para los sin techo, cuidar a los necesitados, proveer servicios de cuidados diarios, carcelarios y cuidar a enfermos de SIDA.

En mi primer libro, Como mi padre soñó, describo la experiencia de mi primer servicio en la Iglesia de la Trinidad:

“Las gentes comenzaban a gritar, a levantarse de sus asientos, a aplaudir y a llorar, un viento poderoso llevaba la voz del reverendo y se llenaba el salón y en aquella nota solitaria - ¡Esperanza! – yo oí algo más; a los pies de aquella cruz, en las miles de iglesias de la ciudad, imaginé las historias de la gente de color confundiéndose con las de David y Goliat, Moisés y el Faraón, los cristianos y los leones, los campos de huesos secos de Ezequiel. Esas historias de supervivencia, libertad y esperanza, se hicieron nuestra historia, mi historia; la sangre vertida es nuestra sangre, sus lágrimas nuestras lágrimas. Hasta esta negra Iglesia, en este día brillante, parece una nave llevando la historia de su gente a las generaciones futuras y a un mundo más ancho. Nuestros fracasos y triunfos son universales de nosotros la gente de color y de muchos más que la gente de color. En la crónica de nuestro viaje, las historias y canciones nos dan un significado y nos reclaman una memoria sobre la que no debemos avergonzarnos; memoria que todos deben estudiar y apreciar y con la que podemos empezar a reconstruir el mundo.”

Esa ha sido mi experiencia en la Trinidad. Como otras iglesias predominantemente negras a lo largo del país, la Trinidad engloba a la comunidad negra en su integridad –el médico y la asistenta social, el estudiante modélico y el antiguo ganster. Como otras iglesias negras, la de la Trinidad está llena de risas estridentes y de un humor, a veces, subido de tono; llenas de bailes, aplausos, voces y gritos que pueden parecer extraños a un oído poco habituado. La iglesia contiene plenamente lo amable y lo cruel, la inteligencia más aguda y la más asombrosa ignorancia, los fracasos y los éxitos, el amor y el sí, la amargura y los perjuicios que surgieron de la experiencia negra en América.

Esto a lo mejor ayuda a explicar mi relación con el reverendo Wright. Con todos sus defectos y virtudes ha sido como de mi familia. Fortaleció mi fe, ofició mi boda y bautizó a mis hijos. Ni una sola vez en nuestras charlas le oí hablar de ningún grupo racial en términos peyorativos, ni hablar de los blancos con quienes trató con otra cosa que cortesía y respeto. Lleva dentro de sí las contradicciones –las buenas y las malas- de la comunidad a la que ha servido diligentemente durante tantos años.

No puedo repudiarlo sin repudiar a la comunidad negra. No puedo desautorizarlo a él más de lo que puedo hacerlo con mi abuela, una mujer que me ayudó a crecer, una mujer que sacrificó una y otra vez por mí, una mujer que me quiso más que a nada en el mundo, pero una mujer que confesó una vez sentir miedo de los hombres negros que pasaban por la calle y que más de una vez se hizo eco de algunos prejuicios racistas que me pusieron los pelos de punta.

Estas gentes son parte de mí. Y son parte de América, que es la tierra que amo. Alguien puede ver esto como un discurso que sólo pretende justificar y excusar comentarios que son simplemente injustificables e inexcusables. Os aseguro que no, y supongo que lo políticamente correcto oponerse a este episodio y limitarse a esperar que lo cubriese el polvo. Podemos rechazar al reverendo Wright por impertinente y por demagogo, justo como algunos lo han hecho con Geraldine Ferraro, en el análisis de sus recientes afirmaciones por abordar algunos prejuicios racistas muy arraigados.

Pero el racismo es un hecho que esta nación no puede permitirse ignorar justo ahora. Estaríamos cometiendo el mismo error que cometió el reverendo en sus sermones contra América por simplificar y estereotipar, amplificando así, los puntos más negativos y distorsionando la realidad.

El hecho es que los comentarios que se han hecho y los temas que han salido a la luz en las últimas semanas reflejan la complejidad del racismo en este país, a lo que nunca nos hemos enfrentado realmente tras esta unión nuestra que aún tenemos que perfeccionar. Y si ahora no damos la cara, si nos vamos a nuestro rincón, nunca seremos capaces de solucionar juntos los desafíos que son la salud pública, la educación o la necesidad de buenos puestos de trabajo para los americanos.

Comprender esta realidad requiere recordar cómo hemos llegado hasta aquí. Como William Faulkner escribió una vez, “el pasado no está muerto y enterrado, de hecho, ni tan siquiera es pasado.” No es necesario citar aquí la historia de las injusticias raciales ocurridas en nuestro país, pero sí necesitamos recordarnos a nosotros mismos que algunas de las desigualdades que aún hoy perviven para la comunidad afroamericana tienen su origen en una primera generación víctima de la brutalidad de Jim Crow y las leyes esclavistas. Las escuelas segregacionistas eran, y son, peores escuelas, y aún no hemos conseguido superar eso cincuenta años después del caso Brown contra la administración educativa y la inferior educación que ofrecían, entonces y ahora. Ello ayuda a entender la diferencia que persiste en los logros académicos de blancos y negros hoy día.

La discriminación legalizada, donde se usaba incluso la violencia para impedir a los negros la propiedad privada o no se concedían préstamos a los emprendedores afroamericanos para sus negocios o no teníamos acceso a las hipotecas preferentes, e éramos excluidos de los sindicatos, de las fuerzas policiales, de los cuerpos de bomberos… lo que implicaba que las familias negras no podían ahorrar y afianzar sus generaciones futuras. Este pasado ayuda a explicar algunas desigualdades presentes entre blancos y negros y la concentración de bolsas de pobreza que aún hoy perviven en pueblos y ciudades. Esa falta de oportunidades económicas para los hombres negros y la vergüenza y frustración por no poder mantener a sus familias contribuyó a la erosión de los hogares negros, un problema que las políticas de bienestar no han hecho sino empeorar. La ausencia de servicios básicos en tantos barrios negros (parques para niños, vigilancia pocilial, recogida de basura o las normativas de construcción de edificios) ha contribuido a crear un ciclo de violencia y desatención que nos asola como una plaga. Esta es la realidad en la que el reverendo Wright y otros afroamericanos de su generación crecieron. Se hicieron mayores en los últimos cincuenta y primeros sesenta, una época en la que la segregación era todavía la ley y nuestras oportunidades eran sistemáticamente constreñidas. Pero lo importante no es la cantidad de errores de la discriminación, sino más bien, cuántos hombres y mujeres se sobrepusieron a los obstáculos; cuantos fueron capaces de abrir caminos donde no los había para que los siguieran personas como yo.

Pero frente a todos los que hicieron su contribución al sueño americano con uñas y dientes hay otros muchos que no pudieron hacerlo, irremediablemente vencidos por la discriminación. Ese legado de derrota pasó a las generaciones siguientes (esos chicos jóvenes - y cada vez más chicas- que vemos languidecer en cárceles y esquinas sin esperanzas ni planes de futuro. Incluso para aquellos negros que lo consiguieron, las cuestiones raciales y racistas continúan definiendo su visión del mundo de manera fundamental. Para los hombres y mujeres de la generación del reverendo, los recuerdos de la humillación, la incertidumbre y el miedo aún no han desaparecido. No se han evaporado la ira y la amargura de aquellos años. Una ira que puede que no se muestre en público, frente a compañeros de trabajo o amigos blancos, pero que encuentra voz en el sillón del barbero o junto a la mesa de la cocina. A veces, esa ira es explotada por los políticos para acaparar votos o para disimular sus propios fallos… y, ocasionalmente, encuentra voz en un sermón de iglesia un domingo por la mañana, desde el púlpito y desde los bancos. El hecho de que mucha gente se sorprenda de oír ese enfado en alguno de los sermones del reverendo Wright simplemente nos hace recordar que los momentos de un mucho más obvio segregacionismo en la vida americana ocurren los domingos por la mañana. La ira no siempre es productiva, en realidad, lo más común es que distraigan la atención debida a la solución de los problemas reales. Nos impide afrontar claramente nuestra responsabilidad en nuestros problemas e imposibilita a la comunidad afroamericana sellar las alianzas necesarias para traer un verdadero cambio. Pero la ira es real, es potente y no es suficiente con obviarla o condenarla sin entender sus caminos para resolver los abismos y malentendidos que separan a las distintas razas. La verdad es que una ira similar existe en determinados segmentos de la comunidad blanca. La mayoría de las clases medias y trabajadoras de los americanos blancos no piensa que ellos hayan sido particularmente privilegiados por su raza. La suya es una experiencia de emigración y, hasta donde ellos pueden entender, nadie les ha regalado nada y han construido sus vidas con el sudor de su frente. Han trabajado duro cada día, muchas veces para ver desaparecer su puesto de trabajo o desaparecer su pensión tras toda una vida de trabajo. Están preocupados por su futuro y sienten que sus sueños se esfuman. En una era de sueldos congelados y de competencia global donde las oportunidades parecen reducirse a cero y los sueños de unos se cumplen a expensas de otros. Así, cuando se ven obligados a mandar a sus chicos en un autobús a una escuela de la otra punta de la ciudad, cuando oyen que un afroamericano tiene ventaja en encontrar un buen trabajo o en conseguir una plaza escolar por una injusticia que ellos nunca han cometido; cuando les dicen que su miedo a los criminales de los suburbios urbanos no son sino prejuicios, el resentimiento renace con fuerza. Como la ira de la comunidad negra, este resentimiento no siempre se expresa de forma pacífica. Pero ellos han ayudado a configurar el panorama político durante su generación. La ira sobre la sociedad del bienestar y sobre las acciones políticas ayudó a forjar la coalición de Reagan. Los políticos explotaban rutinariamente el miedo al crimen para sus propios fines electorales. Los medios conservadores construyeron carreras enteras enmascarando falsos principios racistas mientras disimulaban las legítimas discusiones de injusticia racial y desigualdades como meras correcciones políticas o como el reverso del racismo.

De la misma forma que la ira negra se ha mostrado improductiva, así estos resentimientos blancos han distraído la atención de la verdadera culpabilidad de la clase media, un conjunto de extendidos prejuicios culturales de cortas miras que han sido usado por grupos de presión que operan desde Washington para favorecer políticas económicas que priman los intereses de unos pocos sobre los de la mayoría. Por tanto, para conjurar el resentimiento de los americanos blancos y poder clasificarlos como equivocados o racistas no reconocemos que se basan en hechos legítimos. Esto agranda la división y bloquea el camino del entendimiento.

Y aquí es donde estamos justo ahora. Un punto muerto en el que llevamos años. Al contrario que las protestas de alguno de mis críticos, negros y blancos, nunca he sido tan ingenuo como para creer que podemos superar nuestras divisiones raciales en un solo ciclo electoral o con una sola candidatura, particularmente una candidatura tan imperfecta como la mía. Pero tengo una convicción incuestionable, una convicción nacida de mi fe en Dios y mi fe en el pueblo americano, que trabajando unido irá más allá de los prejuicios raciales que en realidad no hemos escogido y que no podemos sino superar si queremos continuar perfeccionando la senda de la unión.

Para la comunidad afroamericana, esta senda supone asumir la carga de nuestro pasado sin ser víctimas de él. Ello significa continuar insistiendo en la completa medida de la justicia en cada aspecto de la vida americana. Pero también significa olvidar nuestras quejas por más salud pública, por mejores escuelas, por mejores trabajos, a favor de las aspiraciones de la mayoría de los americanos (la mujer blanca que lucha por romper fronteras invisibles, el hombre blanco que ha sido despedido, el inmigrante que intenta mantener a su familia. Y ello significa tomar la plena responsabilidad de nuestras vidas, demandando más de nuestros padres y dando más a nuestros hijos, pasando más tiempo con ellos leyendo y enseñándoles que mientras que afronten los retos y las discriminaciones en sus propias vidas nunca deben sucumbir a la desesperación o el cinismo. Enseñándoles siempre a estar convencidos de que pueden escribir su propio destino.

Irónicamente esta noción esencialmente americana – y sí, conservadora – del hacerse a uno mismo fundamenta frecuentemente los sermones del reverendo Wright. Pero lo que le falta a mi pastor es la convicción de que para ello es imprescindible creer en que la sociedad puede cambiar.

El gran error del reverendo en sus sermones no es que hable del racismo en nuestra sociedad, sino que lo hace como si la sociedad fuera estática, como si nunca hubiera progresado, como si este país ( un país que ha hecho posible para cada uno de sus miembros llegar a la más alta posición del Estado y construir una coalición de blancos y negros, latinos y asiáticos, ricos y pobres, jóvenes y viejos) estuviese irrevocablemente basado en un pasado trágico. Pero por lo que sabemos y por lo que hemos visto, esta América puede cambiar. Esa es la verdadera genialidad de este país. Lo que ya hemos alcanzado no da la esperanza y la audacia de confiar en lo que podemos y debemos alcanzar mañana.

En la comunidad blanca, el camino para una más perfecta unión incluye el conocimiento de que lo que aqueja a la comunidad afroamericana no aqueja las mentes de la gente de color; de que el legado de la discriminación y otros incidentes de discriminación que aún perviven aunque en mucha menor medida que en el pasado, son reales y deben ser corregidos. No sólo con palabras sino con hechos como invertir en educación, formar comunidades, reforzar los derechos civiles y su protección legal y asegurar la justicia en nuestro sistema judicial; dándole a estas generaciones oportunidades que eran inviables para las generaciones anteriores. Ello supone que todos los americanos nos demos cuenta de que no hay por qué pensar que los sueños de unos deben cumplirse a costa de los sueños de los otros. Que la inversión en salud, bienestar y educación de niños negros, mestizos y blancos asegura la prosperidad de toda América.

Al final a lo que llamamos no es sino a lo que llaman todas las grandes religiones del mundo. Que hagamos con los demás lo que nos gustaría que hiciesen con nosotros mismos. Las escrituras lo dicen, que seamos los guardianes de nuestros hermanos. Dejad que seamos quienes cuidan a sus hermanos. Dejad que apostemos por algo que todos llevamos dentro y dejad que los políticos reflejen fielmente ese espíritu.

Hay una oportunidad para nosotros en este país. Podemos aceptar una política que alimente la división, el conflicto y el cinismo. Podemos enarbolar la raza como un espectáculo (como hicimos en el juicio de OJ) o como carne de tragedia (como hicimos en el análisis del Katrina) o como munición para las noticias de la noche. Podemos reproducir los sermones del reverendo Wright en cada canal cada día y hablar sobre ellos desde ahora hasta las elecciones y convertirlos en la única cuestión de esta campaña para ver si simpatizo o no con estas palabras ofensivas. Podemos abalanzarnos sobre alguna metedura de pata de algún seguidor de Hillary como evidencia de que ella está jugando la carta racial o podemos especular si los blancos siguen a John McCain en manada a pesar de sus políticas.

Podemos hacer eso.

Pero si lo hacemos, puedo aseguraros de que en la próxima elección, estaremos hablando sobre alguna otra cosa que no es fundamental. Y en la próxima otra vez. Y en la próxima otra vez. Y nada cambiará.

Es una opción. O, en este momento, en esta elección, podemos unirnos y decir que no esta vez. Que esta vez queremos hablar de las escuelas que se desmoronan y de las que dependen el futuro de los niños negros, blancos, asiáticos, hispanos… de los niños nacidos en América. Que esta vez queremos abandonar el cinismo que nos dice que estos niños no pueden aprender, que estos niños que no se parecen a nosotros no son sino otra generación con problemas. Esos no son los niños de América, son nuestros hijos y no los dejaremos caer con la economía del siglo XXI. No esta vez. Esta vez queremos hablar de cómo las líneas de política de emergencia se trazan por blancos, negros e hispanos que no tienen salud pública, que no tienen poder por sí mismos para ser de especial interés para Washinton, pero que pueden alzarse con él si lo hacemos juntos.

Esta vez queremos hablar sobre lo que una vez posibilitó una vida decente para cada hombre y mujer de todas las razas y hogares para todos los Americanos de todas las religiones y todas formas de vida. Esta vez queremos hablar sobre que el verdadero problema no es que alguien que no se parece a ti puede quitarte tu trabajo sino que la corporación para la que trabajas puede hacerlo desaparecer sólo por obtener un mayor beneficio.

Esta vez queremos hablar de los hombres y mujeres de todo color y credo que sirven juntos, que luchan juntos, que ofrecen juntos su sangre al la misma orgullosa bandera. Queremos hablar sobre cómo traerlos a casa desde una guerra que nunca debería haber sido autorizada, que nunca debería haber sido sufragada. Queremos hablar de cómo mostrar nuestro patriotismo cuidándolos a ellos y a sus familias y dándoles lo que se han ganado. No me presentaría a presidente si no creyera con todo mi corazón que esto es lo que quiere la inmensa mayoría de los americanos. Quizá no logremos nunca la perfecta unión, pero generación tras generación hemos demostrado que podemos mejorarla. Y hoy, cuando alguna vez dudo de esta posibilidad, la generación siguiente es lo que me llena de esperanza, la gente joven cuyas actitudes y creencias y apertura al cambio ya han hecho historia en este período electoral.

Hay una historia en particular que me gustaría dejaros hoy. Una historia que conté cuando tuve el gran honor de hablar en el cumpleaños del doctor King en su parroquia baptista de Ebezener, en Atlanta.

Había una joven blanca de veintitrés años llamada Ashley Baia que organizaba nuestra campaña en Florence, Carolina del Sur. Había estado trabajando para organizar a una comunidad mayoritariamente afroamericana desde el principio de la campaña y un día que estaba en una mesa redonda donde todos hablaban de sí mismos y de por qué estaban allí, ella contó que su madre enfermó de cáncer cuando ella tenía nueve años y que así perdieron su seguro médico. Cayeron en la bancarrota y ella decidió que tenía que hacer algo para ayudar a su madre. Sabía que uno de los mayores gastos lo suponía la comida, así que convenció a su madre de que lo que más le gustaba eran los sándwiches de mostaza, que era lo más barato que se le ocurrió. Hizo esto durante un año hasta que su madre mejoró, y le contó a todos los de la mesa que la razón por la que se unió a nuestra campaña fue que quería ayudar a los millones de chicos de este país que tenían que cuidar de sus padres.

Ashley podría haber hecho una elección diferente. Alguien podría haberle dicho que la causa de los problemas de su madre es el gasto médico de los negros que son demasiado flojos para trabajar. O de los hispanos que entran ilegalmente en el país. Pero no fue así. Ella buscó aliados en su lucha contra la injusticia. Al final, Ashley acabó su historia y rodeó la habitación preguntándole a la gente por qué apoyaba la campaña, encontrando infinidad de historias y razones. Muchos hasta dieron una razón concreta y hubo también un hombre negro ya mayor que había estado sentado en silencio quien, cuando Ashley le preguntó que por qué estaba allí no dio una razón concreta, no habló de asistencia médica o de economía, de educación o de guerra. Ni siquiera dijo que estaba allí por Barak Obama. Simplemente le dijo a todos:

- Estoy aquí por Ashley.

“Estoy aquí por Ashley”. Por sí mismo, ese momento singular de reconocimiento entre una joven blanca y un negro viejo no es suficiente para dar salud a los enfermos, trabajo a los parados o educación a nuestros niños. Pero es desde donde despegaremos. Es donde nuestra unión se hace más fuerte. Muchas generaciones han venido a ver tras doscientos veintiún años de historia , desde que una banda de patriotas firmó aquel documento en Philadelphia, que aquí es donde la perfección comienza.

Friday, December 12, 2008

Retomemos. Hola a todas y todos.

Tengo una verdad grande que tiene nombre
y que no deja de rebosarme y que me pide boca:
torpe instrumento que se me cierra por no ser
maza que rompa lo que a mi parecer,
pobre prejuzgador indeciso, se me antojan
(de pensamiento, palabra y omisión,
pobre indeciso idiota) blanqueados oídos
que me deshojan.
Sólo veo verdad y bien en lo que
recibo como buena nueva, favor a un
hermano que no ve lo que veo a no
ser
que sea yo el ciego que se equivoca si calla
y que si habla se equivoca.
No sé si no lo ven o se es que
su mundo yo no veo; algo raro debe haber
si parece doler tanto aceptar un
abrazo que les enseñe tras el mar y las
olas, a ojos cerrados, el suave canto de
los universos nuevos. No es que me haya
puesto triste o serio. Lo parece, ya lo sé,
pero lanzo palabras al aire que rebosan
del nombre de mi dios bueno y me apena
un tanto ver que se me quedan atrás

los hermanos que pretendo. La duda es,
quiero decir, que me dudo a veces,
si es que no me siguen o es que yo
no llego.

Wednesday, April 30, 2008

Camino a la Autopía

- ¡Suelo malo, suelo malo!

Cogido de la mano de su madre y con una indescriptible cara de kamikaze que por culpa de las almorranas llevara días sin pegar ojo (punto este que para un kamikaze es del todo difícil) era eso lo que aquel niño salvaje y amontunado le gritaba sin el menor asomo de piedad a un adoquín del filo de la acera mientras éste, con la absoluta desfachatez que caracteriza a los adoquines, insistía en no darse por enterado.
Llevado por el sobresalto que aquella estampa de crueldad inconmensurable me produjo, me acerqué a la pareja y miré extrañado e interrogante a quien debía ser su madre, cosa que deduje por el amor que rebosaba su mirada de kamikaze instructor mirando a su filial pupilo. Quien, a todas luces, estaba heróicamente afrontando descomunal batalla contra la vía pública.
Yo, por no desentonar, apoyé mis manos en mis rodillas en postura de adulto mira a encantador infante y clavé la peor de mis miradas en aquel, para nada presunto, desaprensivo adoquín.
El kamikaze chico, a quien empezaban a decaerle las fuerzas, bajaba ya la frecuencia de sus patadas (supongo que por la ausencia de batalla presentada por el ofensor y por el seguro dolor que la planta de aquel piececito comenzara a sentir) me miró con la triunfal expresión de quien consigue abrir una botella de cava tras ocho horas de desesperados intentos mientras la familia ansía los platos de uvas pochas del 31 y piensa con resignación lo muy gilipoyas que es el cuñado.
Con esa cara triunfal, que yo observaba como se observaría a un marciano que se cayese al suelo al bajar de su platillo, el soldado del imperio dejó de dar patadas, se sacudió las manos, ya que los pies hubiera sido más complicado, emitió un
- Júm
lleno de autoadmiración crecida con mi presencia como admirado expectador. Hecho esto, largó una última ofensa al ajado adoquín en forma de escupitajillo y se volvió hacia su madre, quien, orgullosa como una gallina de Walt Disney, miró también (había que reforzar positivamente las actitudes del nene) por encima del hombro al desfachatoso pedrusco y comenzó a andar.
A punto estuve de desistir en mi labor investigadora, pues al alejarse brevemente, entreví con espanto un culo prominente no exento de cierta agresividad insoslayada enfundado en una especie de chándal de última generación a través del cual se adivinaban los filiyos enrollados de unas braguillas que no pude por menos que imaginarme ajadas y desflocadas. Movíalo además de forma que parecía señalar que ella lo llevaba por delante más que por detrás. Entiéndase la imagen poética.
A pesar de tamaña advertencia natural, no pude contenerme y pasé a poner mi integridad en juego.
- ¡Pss, pss, señora, perdone!
Ella se volvió como se vuelve un panzer, como se vuelve un culturista de dos metros si le derramas un café por la nuca, como se vuelve un león al que despiertas. Como se abre la puerta de chiqueros.
- ¿Di, ga, me?, así, con tilde en la mé.
- Le ruego me perdone, pero no puedo dejar de preguntarme, después de ver la enorme y descomunal batalla que su pequeño acaba de librar, por la causa de tamaño desajuste.
- ¿Usted se está cachondeando de mí, caballero? Porque si usted se está cachondeando de mi niño y de mí, le arreo ara mismo dos yoyas que no va a saber usted quién hay entre oreja y oreja. Y ahí llega mi marido que no sabe usted cómo es pa estas cosas, que se está usted cachondeando de mí.

Se acercaba una furgoneta por cuya ventanilla se podía ver a un señor con media barba, cigarro, codo apoyado hacia fuera, medallón de oro y un anillorro en meñique, así que recogí velas.

- Le ruego, señora, me disculpe, pero nada más lejos de mi intención que importunarle. Lamento que mi curiosidad me haya llevado a alterar su plácida mañana. Adiós y le reitero mis excusas.
- Míralo al gilipoyas este. Ahora dice que se va. Tendrá poca vergüenza la gente…

Incluso el tierno infante me miraba ya con malas intenciones y los puñitos cerrados a la espera de su progenitor con las rodillas sangrantes.

- ¿Mamí le doy una paliza también a ese señor?
- No hijo, no, espérate a que venga el papa, que tu ya te has hecho mucho daño hoy con el suelo malo.

Ante la más que inminente situación de peligro, salí de allí a toda prisa mientras por detrás arreciaban los insultos, crecidos ya con la indignación de la presa que huye. Juro por lo mas sagrado que cuando le dijo que se iban, la mama, llamó Grabié a su propio hijo.
Sabía que me jugaba mucho más que mi integridad física, pero, de lejos me volví y pregunté a gritos que por qué le decía Gabrié a su propio hijo.

- Porque se llama igual que su padre, y yo me voy a cagar en…

Hubiera sido temerario dar tiempo a que Gabrié padre se bajase del coche, pues aquello tenía ya mal cariz.



El policia intentaba apaciguar a aquel señor.

- No, señor agente, no, no me diga que me tranquilice. Ahora mismo le meto al ayuntamiento una denuncia que se caga. No hay excusa para tener ahí en medio esa mole de piedra. Eso es algo que no se le ocurre a nadie. Eso pasa por poner de responsable a gente que no sabe ni lee ni escribir…

La gente ya se acercaba a hacer corro a prudente distancia creciendo el caos de tráfico.

- Pero Señor, por favor, yo comprendo su sensibilidad y su punto de vista, pero tiene que entenderlo. Afortunadamente está usted bien y esa mole de piedra es La Cibeles y lleva ahí toda la vida. Sin su coche dentro, claro.
- Eso no me sirve de excusa. Y como que me llamo Gabrié que le meto un puro. Déme su nombre y su número de placa. Pero ya.
- ¿Pero por qué por Dios? ¿Ahora qué he hecho yo?
- Porque es su obligación y por tratar a los ciudadanos sin respeto. En vez de ponerse a mi favor me acusa sin pruebas y me declara culpable.
- Su coche está dentro de una fuente, sea usted razonable.
- Ni razonable ni razonablo. Llame usted a un superior.

Así comenzó su carrera política. El trampolín se lo puso un periódico donde, al día siguiente, pudo leerse:

NUEVO HITO EN LA LUCHA POR LAS LIBERTADES INDIVIDUALES Y LOS PODERES DEL ESTADO. (SIC)
EN UNA DENODADA LUCHA A FAVOR DEL SENTIDO COMÚN, UN CIUDADANO LOGRA LA RETIRADA DE UNA MULTA Y DE LA YA CADUCA CIBELES.

Tras un prolongado litigio contra la tiránica admistración conservadora, el ciudadano Gabriel P. Z. ha conseguido la retirada del enorme obstáculo que se hallaba secularmente en la vía pública, a la vez que la retirada de la sanción, un vehículo nuevo, y la suspensión de empleo y sueldo del agente de la autoridad…

Tras este episodio fueron muchas las ofertas recibidas por parte de programas de televisión y medios de comunicación, y comencé a verlo con frecuencia protagonizando episodios de la vida social.
Del pequeño kamikaze quedaba poco en el exterior, pero yo, que no podía borrar de mi memoria aquel episodio pedagógico que le observé en su infancia, veía ante mí un enorme “culo educador” de señaladas arruguillas cada vez que su señora madre aparecía, acompañando a la pareja en alguna comparecencia pública. Y me imaginaba a Gabrié padre aparcando un flamante Mercedes de forma disimulada mientras masticaba un palillo de dientes.
No me quedó la menor duda de que aquel lejano episodio habría de marcar la vida de todos cuando, candidato ya a la presidencia del gobierno, aquel niño camikaze convertido ya en toda una estrella mediática, aparecía en los carteles electorales pateando a una pequeña y culpable Cibeles bajo el lema:

Castiguemos a los culpables. Por la igualdad. Vota a Gabrié.

La victoria electoral, contrariamente a lo yo había previsto, fue estruendosa. El electorado, en su mayoría otorgó la confianza al nuevo líder, que promovió nuevas y numerosas reformas.
· Se dictó una ley de responsabilidad administrativa donde, si no se tenían antecedentes de pertenecer al partido opositor, el ciudadano o ciudadana, podría cobrar un seguro por cualquier desaguisado ocasionado por la presencia de cualquiera que fuera el mueble o inmueble, diminuto o desproporcionao (sic) que causare tal despropósito.
· Se le provió (sic) al gobierno, de la potestad para imponer leyes siempre y cuando fueran positivas a juicio de el titular o la titulara (sic también) de la cartera (no me hubiera extrañado ver cartero aquí) del departamento de sanidad pública y velatorio por la libertad individual, que así, os lo puedo jurar, se le llamó.
· Se dictó una ley general de subvenciones por la que cualquier ciudadano (favoreciendo más a los vagos y maleantes, a quienes no estudiaran… a los más necesitados a fin de cuentas) recibiría una cantidad libremente fijada por él/ella para incentivar la consecución de los bienes u objetivos que decidiera no alcanzar por sí mismo/a.
· Se declaró la jefatura del Estado figura non grata para el Estado…

En fin, podría contaros otros muchos avances, pero no hace al caso.


Hoy he salido de nuevo a dar un paseo. La gente está ajetreada como siempre, muchos coches se apresuraban parados en los atascos. Había familias en los parques compuestas de abuelos y nietos. Todo el mundo intentaba ser feliz y vivir bien. Mientras periódicos y programas de radio se hacían eco de lo bueno u de lo horroroso que el gobierno era. Yo rompí a reir con todo esto, porque ¿es que nadie se ha dado cuenta de que el adoquín no es bueno ni malo? Así, al menos, me dije, no hay que decirle a los que tropiezan
- Mira nene, una vez falla cualquiera, dos también, pero si sigues insistiendo, cariño, tú lo que eres es tonto. O tonta, claro.

Fdo. Lalo

Tuesday, April 29, 2008

Carta de un personaje

Querida lectora, querido lector de esta carta:

Es un esfuerzo enorme intentar entender cómo aún puedo estar desemparejado, es decir, sin pareja. En mis aún pocos pero intensos años de vida, no he conocido a nadie tan maravilloso como yo. Mi cuerpo, donde se aúnan la perfección genética con la más rígida disciplina de gimnasio de alto estandin, este cuerpo, es todo un estudio de anatomía digno de los pinceles más afamados de la pintura universal, figurativa o no. Mi pelo brilla bajo la luz de la luna como brilla una pantera negra anunciando os de tualets por televisión. Todas las mujeres que conozco han gozado suspirando mientras mesaban mis mechones con sus dedos.
Mis ojos verdes son rasgados, grandes y profundos. Son el horizonte donde se dirigen las miradas de cuanta fémina entra en contacto con mi presencia. He visto temblarle las piernas a las más fajadas yupis de guolestrit.
Mi vida en sí es un dechado de perfección. Vivo en un chalé de diseño de arnovó emplazado justo donde acaba pradera y comienza la blanca arena de una playa perfecta bajo la bruma de invierno y desde las cristaleras de mi salón amueblado en piel negra y aluminio, me enmimismo en el mar con el flequillo sobre la mirada vestido con un suave chaleco de grueso cuello de cisne en lana beig y pantalón negro que no consigue disimular, es decir, más bien realza, lo más granado de mi masculinidad que, dicho sea de paso, ha sido capaz de protagonizar las más tórridas escenas que puedan verse tras las paredes de un dormitorio.
Cada mañana, me levanto cuando he dormido lo necesario, ya que no necesito trabajar. De forma automática la cortina se descorre automáticamente y tras remolonear dulcemente entre los pliegues del nórdico inmaculado me levanto en toda mi envergadura, desnudo casi y encantador, y hago un par de horas de ejercicio en el idílico marco de la línea de las olas. Luego desayuno las cosas más sanas que imaginarse pueda: pan integral, zumo de naranja, fruta y cereales. En la enorme cocina perfectamente iluminada y sin una gota de grasa, todos los utensilios brillan perfectamente nuevos mientras resplandece, verde oliva, el frasco de aceite.
Yo estoy recién duchado y mi albornoz se entreabre como unos labios lascivos dejando a la vista un pecho perfectamente moldeado sin la más mínima sombra de pelichis espiraloides, lisos, suaves o hirsutos de tipo alguno.
Todo yo huelo a una mezcla de varonil sensualidad junto con la tersura suave de la colonia de bebé que derramo generosamente en mis manos. El resultado un verdadero osito de peluche machote y desvalidamente tierno. La exacta mezcla de fragilidad y fortaleza. Control atlético y dubitativa timidez.
Me levanto suave pero vigorosamente y me dirijo a mi dormitorio, voy descalzo, por supuesto, y paseando por la moqueta mullida y asimismo inmaculada, me detengo sólo un instante ante la ventana para volver a mirar al mar y me meto en mi más que amplio vestidor. Dejo que el albornoz se deslice sensualmente por mis fornidísimos hombros y que caiga, despreocupado, al suelo, donde se queda en perfecto desorden. Un par de prendas en perfecta consonancia. Zapatos absolutamente impecables, con calcetines a juego siempre, ni un agujerín en la punta ni un zurzido jamás, inasequibles a cualquier tipo o especie de pesturria que rompa inesperadamente el glamur.
Salgo a la calle montado ya en mi biplaza descapotable mientras los mechones ondean secándose al viento. Miro a los viandantes observar mi paso con envidia y no les presto la más mínima atención para que no se sientan minusvalorados en su mediocre vida.
Cuando entro en la ciudad, el decorado entero, la autopista en sí. Los árboles que la flanquean y las palmeras parecen que se colocan bien para saludar mi paso. Todos los dependientes y dependientas de la zona vip y los metres y somelieres de los mejores restaurantes disfrutan pudiéndome servir. Se les nota en sus sonrisas… cuando es una mujer bella, sólo tengo que despejar mi blanquísima dentadura con la cabeza inclinada y mirarla de perfil para saber que mi invitación será aceptada. Tengo paso libre en todos los locales de moda y en los lugares más exclusivos. El simple hecho de entrar conmigo, ya hace que te sientas importante.
Cuando llegan conmigo a casa, las trato como a reinas. Soy sofisticado, suave, amable, delicado pero impetuoso y siempre dejo satisfecha a la que tiene el honor de conocerme como hombre. Docenas de matrimonios estables se han disuelto echándome a mi la culpa de lo que ella buscaba en mí. Cuando no hice más que compartir generosamente mi tiempo con quien quería huir del que se había fabricado.
Sé que son legión las niñas, damiselas y señoras que suspiran contemplando mis fotografías y sé que decoro más de un dormitorio siendo secretamente deseado. Soy la perfección absoluta, por eso te decía que no logro comprender que esté aún sin pareja, es decir, desemparejado.


Ambas estaban paradas en la acera, junto a la entrada de una cafetería que comenzaba a quedarse desierta. La carta pasaba de una a otra mientras miraban a uno y otro lado buscando al autor de la carta. No había ni una dirección, ni un número de teléfono. Ni una dirección de correo electrónico siquiera. Y era una lástima, porque merecía la pena conocer a un payaso de tal envergadura. Las dos tiraron la carta al suelo y ésta se levanto con una ráfaga de aire que pasaba por allí. Salieron andando acompañadas por el contoneo de sus vaqueros y el sonido del taconear de sus botas. Ninguna de las dos vio al fabuloso hombre que, desde dentro del cristal donde se alojaba el cartel de la película de estreno, las llamaba dando suaves golpes con los nudillos, así que él, mirando de perfil, dejando caer su flequillo sobre la frente y acolchando su voz dentro del cuello de cisne, volvió a su pose de reclamo de sueños.
Al menos no la han roto, espero que el viento la lleve a un lugar mejor, se dijo.

Poemilla nuevo de mala racha.

¿Cómo calificar lo que falta si nada falta?
¿Por qué el aire falta si el aire sobra?
Las sonrisas no afloran a la boca sonriente.
No gusta el futuro del hoy que no acaba de germinar.
Buscar lo que no hay en desvanes atestados encadenado al interior de la puerta
con el mundo a la espalda y en el horizonte.
Se vuelven agonías los teléfonos y se escrutan las pantallas emergentes con dedos que abren nerviosos pequeños sobres azulados.
¿Cómo aceptar tan irreal, tan poco deseada, la realidad de la cueva que es el mundo?
Subyace el basamento. Se es feliz y realizado. Subyace y sostiene la innegable verdad de esta
gran mentira.

Saturday, February 09, 2008

Traducción del discurso de Barak Obama en New Hampshire.

Fue la creencia bajo la que se escribieron los documentos que declaraban el destino de una nación.
Podemos conseguirlo.
Fue susurrado por los esclavos y los abolicionistas mientras enarbolaban la bandera de la libertad.
Podemos conseguirlo.
Era la canción que los inmigrantes entonaban desde el agotamiento de las orillas lejanas y de los pioneros que se enfrentaban a la naturaleza inclemente camino del oeste.
Podemos conseguirlo.
Era la llamada de los trabajadores que se unían, de las mujeres buscando su derecho al voto; del un presidente que eligió la luna como nuestra única frontera, y del rey que nos llevó a la cumbre para señalarnos la tierra prometida.
Podemos conseguirlo.
Con justicia e igualdad.
Con puertas abiertas y prosperidad.
Podemos sanar esta nación.
Podemos reparar el mundo.
Podemos conseguirlo.
Podemos.
La batalla será larga, pero sabemos que no importan los obstáculos que se alcen en el camino. Nada parará las voces de millones de personas que piden la oportunidad de un cambio.
Nos han dicho los más cínicos que no podemos. Sus voces se alzan y harán más ruido. Se nos quiere bajar a la inacción de no tener sueños. Se nos advierte que no demos falsas esperanzas.
Pero la historia increíble que América ha protagonizado nos cuenta que jamás hemos fracasado en nuestra esperanza.
Ahora las esperanza de la niña que va al cole en Dillon es la misma que la del chico que aprende en las calles de Los Ángeles. Recordaremos que algo está pasando en América; que no estamos tan divididos como dicen nuestros gobernantes; que somos un pueblo, una nación, y que juntos, escribiremos el siguiente gran capítulo en la historia de América con tres palabras que volarán entre los océanos y entre la luz de los horizontes.
Sí. Podemos. Conseguirlo.

Wednesday, January 16, 2008

EL PROBLEMA GALLARDÓN.

Si se presta atención, hay algunos puntos de ebullición que siguen siendo recurrentes en nuestra organización política. Si hay algo que llame la atención es la escasa reflexión de la que son objeto.
El problema de Don Alberto Ruiz Gallardón, el suyo personal y el que él saca a la luz no consiste en la decisión adecuada o no a la que ha obligado al Presidente de su partido. El problema es el proceso decisivo en sí. Y es que en esta democracia nuestra, se mezclan materiales nobles con basamentos aún autoritarios.
Hacemos funcionar la maquinaria del progreso con estructuras de poder monolítico como son los partidos.
Cuando en una estructura destaca un individuo la estructura y quienes sobreviven por ella, tienden a ver correcta su eliminación.
En todos los partidos pasa. Rosa Diez, Francisco Vazquez, ahora el Alcalde de Madrid, ¿la presidenta de la comunidad?...
La primera tendencia fue la de sentirlo por Don Alberto. Lo ratifiqué y siento que la brillantez personal, respaldada además por resultados electorales, haya sido fagocitada por la estructura ademocrática. Por quien hay que sentirlo menos es por los ciudadanos, porque si hay algo que echo de menos en el discurso del señor Gallardón, víctima del sistema, es la intención de cambiar el sistema. El no se ve como parte del problema autoritario, se ve como víctima de la incompetencia de unos señores cuyo puesto, está convencido, él desarrollaría con más brillantez.

Friday, January 11, 2008

Poema de Ángela para mí. Lujo absoluto

Sus pasos por aquel pasillo eternizado y frío sellaban mi silencio.
Máximo respeto a aquellas manos que perseguían el viento acompasadas con la ilusión de ser parte de sus palabras. Plumas esas manos que dicen más que cien palabras, torre de babel sus dedos, capaces de reunir de un solo movimiento la raíz y la hoja de los sentimientos. Su voz, música de las tardes de lunes, organizaba ejércitos de hormonas.
La sencillez de intentar comprender, la humildad de reconocerse en los errores de otros y convertirlos en virtudes con una sola mirada de comprensión...
Guardo aquellas risas en una cajón de mi alma (fueron parte, quizás, de la mujer que nace ahora... guardo los recuerdos de las tres y media, biblia bajo el brazo y lectura pausada.
De los paisajes que imaginé escuchando sus susurros y de como lo vi a Él en muchas de sus palmadas en la espalda.
A nadie le importó jamás su inquietud, la forma en que sólo él se despistaba de las marcas del camino para fumar a medias un cigarro con su Padre, para reírse a solas de canciones, de los que intentan trepar para llegar al cielo en lugar de disfrutar de la lenta subida...
Aplaudo el rugir de la mañana, la juventud que nunca estará encarcelada, aplaudo el ánimo en días de tormenta, la calma, los sueños, la paciencia, aplaudo al poeta, al escritor, a aquel que intentan pintar de “donnadie”, al que dice más cuando calla... aplaudo al maestro de mis penas alocadas... al capitán del barco que navega en poesía.